La decisión de la Junta Directiva del Banco de la República de aumentar su tasa de interés de 4,25 a 4,5 por ciento ha generado inconformidad en ciertos sectores.
Los críticos argumentan que el nivel de la inflación en Colombia aún no es preocupante, y que las alzas de los intereses ya están empezando a afectar la demanda y la producción. Incluso el sector empresarial ha pedido al Emisor que no suba más las tasas, sumándose al llamado que hizo el presidente Santos en el mismo sentido semanas atrás.
La política del Banco de aumentar su tasa de manera sostenida en los últimos meses puede parecer excesiva, si se tiene en cuenta la inflación actual. El crecimiento anual de los precios en junio fue de 3,23 por ciento, cifra que se ubica cómodamente en el rango de 2 a 4 por ciento que las autoridades monetarias se han fijado como meta para este año. Sin embargo, el incremento de los precios es un fenómeno dinámico y la observación de un dato mensual puede dar lugar a interpretaciones equivocadas.
En ese contexto, la decisión del Banco luce razonable al analizar las perspectivas futuras de los precios y al evaluar la experiencia de otros países. Y es que si bien Colombia no es una de las naciones emergentes que mayores riesgos inflacionarios tiene en el presente, tampoco está en una situación cómoda.
Hace poco la revista The Economist publicó un análisis de las perspectivas inflacionarias de 27 países emergentes, considerando distintas variables. El semanario británico tuvo en cuenta, además del crecimiento de los precios, el uso de la capacidad instalada, el desempleo, el dinamismo del crédito, la tasa de interés real y el saldo de la balanza de cuenta corriente, que refleja la situación relativa de la demanda respecto a la oferta.
Los resultados del estudio permiten clasificar a las economías emergentes en tres grupos. En el primero están los países que registran un nivel preocupante de recalentamiento de sus economías. Allí figuran dos naciones latinoamericanas, Brasil y Argentina, al lado de otras como India, Hong Kong, Indonesia y Turquía. En el otro extremo están los países que no tienen mayores riesgos de sobrecalentamiento, como Pakistán, Malasia, Sudáfrica y Rusia, así como México, única nación suramericana de este segmento. Entre tanto, en el grupo de riesgos medios aparecen Colombia, Perú, Chile y Venezuela, junto a China, Corea del Sur, Polonia y Egipto, entre otros.
Este análisis permite observar que, si bien la economía colombiana no está al borde de una crisis inflacionaria, tampoco está exenta de sufrir los rigores de un alza acentuada de los precios. Lo que está en juego en ese frente no es poca cosa: se trata, ni más ni menos, de la sostenibilidad del crecimiento económico en el mediano plazo.
El caso de Brasil arroja conclusiones interesantes sobre los riesgos de llevar el ese crecimiento por encima de un nivel sostenible. La economía brasileña creció alrededor de 7,5 por ciento el año pasado, lo que generó euforia entre los brasileños y envidia entre algunos vecinos. Sin embargo, semejante impulso tuvo sus costos.
Hoy la inflación brasileña duplica la colombiana, lo que ha llevado a las autoridades a presionar el freno a fondo con unas tasas de interés que ya superan el 12 por ciento. ¿Cuál es el resultado de ese frenazo? La mayoría de los estimativos sobre el crecimiento de la economía de Brasil para este año no superan el 4 por ciento. Este análisis en perspectiva demuestra que, en cuestiones de política monetaria, muchas veces es mejor ser precavido, como lo ha sido hasta el momento la Junta Directiva del Banco de la República, aunque a veces parezca que se esté echando a perder la fiesta.
RICARDO ÁVILA PINTO
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