El apetito a la hora de invertir en bonos puede haber disminuido en algunas latitudes, por cuenta de los problemas que experimentan ciertas naciones europeas o por los temores asociados a una desaceleración mundial, pero ese enfriamiento no lo han sentido las empresas colombianas.
El ejemplo más reciente de esa afirmación tuvo lugar esta semana cuando el Grupo Aval salió al mercado internacional a ofrecer 500 millones de dólares en títulos a cinco años de plazo. En respuesta, 300 inversionistas mostraron interés y la cantidad demandada fue tal que superó en 10 veces el valor de la emisión, motivo por el que el monto se incrementó en 100 millones de dólares.
A juzgar por esa experiencia, es previsible que en el 2012 sea superado el récord del año pasado, cuando diversas compañías nacionales obtuvieron recursos por 4.300 millones de dólares.
Nombres como Bancolombia, EPM, Emgesa, Grupo Sura y el Banco de Bogotá tampoco tuvieron problema en colocar sus papeles, con lo cual Colombia fue el segundo destino de mayor crecimiento en el mundo, después de la República Checa.
Dicho auge vino acompañado de un descenso en el costo de la financiación. En el caso de Aval, el rendimiento será de 5,35 por ciento anual, mientras que en el mercado secundario de bonos emitidos por firmas como las mencionadas se encuentran rentabilidades similares.
Ese nivel, vale la pena señalarlo, es inferior en más de 1,3 puntos porcentuales al que estaba vigente a comienzos del 2010.
En pocas palabras, ello quiere decir que al sector privado colombiano tiene ante sí la posibilidad de obtener un monto muy grande de recursos por fuera, al tiempo que paga tasas de interés mucho más bajas a las que estaba acostumbrado.
Semejante atractivo también se extiende al sector público, como lo confirma la exitosa colocación hecha a comienzos de enero, en la cual la Nación emitió bonos a 30 años de plazo con un rendimiento inferior al 5 por ciento anual.
Ese cambio es fundamental, pues implica que el costo del capital para los empresarios colombianos ha tenido una reducción apreciable. Como consecuencia de esa realidad, es posible iniciar más proyectos que pueden ir desde expansiones de capacidad en el caso del sector primario o manufacturero, hasta ir de compras por el vecindario. Sin duda alguna, buena parte de la ola de adquisiciones de compañías en diferentes países del hemisferio tiene que ver con la mayor capacidad de apalancamiento.
Dentro de las razones que ayudan a entender tal situación, se destaca la solidez de la economía nacional y su buena evolución reciente. A pesar de que problemas conocidos como la pobreza o la violencia persisten, la percepción generalizada es que Colombia va por la senda correcta.
De tal manera, existe la creencia de que la tasa de crecimiento promedio será alta en lo que queda de la década y que la elevada tasa de inversión, sumada al auge de la minería y el petróleo, servirá para dinamizar al sector productivo y crear nuevas oportunidades de negocios.
Aparte de esa consideración general, también es claro que las cifras del sector empresarial son cada vez más sólidas.
Especialmente destacable es el aumento en el patrimonio de un buen número de compañías que el año pasado colocaron en la bolsa emisiones de acciones por casi 13 billones de pesos. Tal fortalecimiento incide sobre el margen de riesgo y confirma que el país se ve con ojos cada vez mejores.
Las nuevas circunstancias son muy positivas, así le representen un dolor de cabeza a las autoridades. Con el dólar por debajo de 1.800 pesos, la posibilidad de que aumenten las presiones en favor de la apreciación de la moneda nacional es real. Adicionalmente, otra alza en las tasas de interés internas haría todavía más atractivas las emisiones en el exterior.
No obstante, ojalá el Banco de la República encuentre la fórmula para contener la revaluación, sin necesidad de ponerle tatequieto a una fuente de recursos que le abre interesantes perspectivas a las empresas colombianas.