Ayer, y tal como pasa con ciertas situaciones de la vida diaria, la Agencia Nacional de Hidrocarburos le dio al país una buena y una mala noticia. La buena es que la producción de petróleo en Colombia sigue por un camino despejado.
En abril, por ejemplo, el bombeo de crudo llegó a 903.000 barriles diarios, 16 por ciento más que el año pasado y casi 60 por ciento por encima de la cifra registrada en el 2008.
Dicha realidad, combinada con un escenario de precios internacionales favorables, explica el notable auge de las exportaciones, así como las crecientes utilidades de Ecopetrol o las mayores regalías que recibirán los entes territoriales, que pasarían de los 6 billones de pesos en el 2011.
Pero junto a esa evolución, hay un tema que no deja de ser inquietante.
Este es que las reservas probadas de petróleo se mantienen en casi los mismos 2.000 millones de barriles recuperables, calculados en el 2009.
Si bien algún optimista podría decir que es notable que a pesar de la mayor producción ese valor no haya disminuido, la verdad es que el país tiene una cuenta que todavía contiene un saldo muy pequeño.
Puesto de otra manera, a pesar de las descomunales sumas recibidas para exploración, como lo comprueban los registros relativos a la Inversión Extranjera Directa, lo cierto es que los hallazgos no han incrementado en forma sustancial el patrimonio de Colombia en este terreno.
Dentro de las explicaciones dadas está el hecho de que la época de megahallazgos como Caño Limón o Cusiana y Cupiagua, pertenece al pasado. A diferencia de esos yacimientos, que podían sumar mil millones de barriles o más de un solo tajo, ahora los descubrimientos son relativamente modestos, por lo cual es necesario tener éxito en muchos pozos.
Aparte de lo anterior, hay una discusión técnica importante, pues lo encontrado recientemente entra en la categoría de crudos pesados que son más difíciles de extraer.
A pesar de que hay nuevas tecnologías para impulsar la tasa de recuperación –lo cual ha extendido la vida útil de un buen número de campos– muchas aún se encuentran en etapa de ensayo.
Si tales innovaciones tienen éxito, es posible que de una misma área se pueda obtener 30 o 40 por ciento del petróleo existente en el subsuelo, en contraste con el 10 por ciento que parece ser la norma hoy en día para los compuestos más pesados. No obstante, todavía es muy temprano para que los auditores del sector acepten mejorar el cálculo de reservas, aunque esa posibilidad sigue abierta.
Por cuenta de esa situación, hay quienes sostienen que es mejor mirar con mesura las posibilidades de Colombia en materia petrolera. Eso, al menos, es lo que piensa Roger Tissot, un consultor con sede en Canadá a quien la Universidad de Miami acaba de publicarle un artículo en el que se pregunta si la bonanza actual es real y duradera.
En respuesta, el autor recuerda que el éxito visto tiene mucho que ver con el arribo de pequeñas compañías de su país que llegaron a buscar hidrocarburos en los mismos sitios que los grandes conglomerados despreciaron por considerar que no eran rentables.
Esa estrategia sin duda alguna ha sido exitosa, pero no está exenta de riesgos. Tissot opina que un cambio brusco en el escenario de precios internacionales puede llevar a que la producción disminuya, ya que muchos de los operadores no tienen el músculo financiero de las grandes multinacionales para sostener sistemas de extracción que son costosos. Mucho depende entonces del éxito de Ecopetrol, que debe cumplir con los ambiciosos presupuestos contenidos en su plan de inversiones.
Tales elementos, combinados con la relativa ausencia de empresas privadas locales en este ramo, deberían ser un campanazo de alerta sobre la sostenibilidad de una expansión que ha sido real, pero que necesita cimientos más profundos para mantenerse.
De lo contrario, la lluvia de maná será pasajera, algo que deberían considerar quienes creen que el espacio para gastar a manos llenas durará un tiempo que, a lo mejor, no va a ser tan largo.