Con sorpresa recibieron los analistas el anuncio hecho por el Gobierno esta semana, según el cual la producción de petróleo en Colombia llegó en diciembre a 930.000 barriles diarios.
Dicha cifra no sólo está lejos de la meta simbólica del millón de barriles de crudo, sino que constituye un claro retroceso frente a los 965.000 alcanzados en noviembre, lo cual genera alarma, pues se trata del primer producto de exportación.
En respuesta, el Ministerio de Minas sostiene que no hay motivo de preocupación. Para esa cartera, lo sucedido fue un fenómeno temporal en el cual se conjugaron factores climáticos y de orden público.
De tal manera, el bombeo por el oleoducto Caño Limón-Coveñas que conecta Arauca con la Costa Atlántica se vio interrumpido debido al invierno.
Por su parte, en el sur del territorio nacional se presentaron varios atentados en contra de la infraestructura, lo que afectó a los campos ubicados en la zona de Putumayo.
Además, no faltó quien culpara a las protestas laborales ocurridas en el Meta por la situación, pero todo indica que los tropiezos que se presentaron en su momento en ese departamento se superaron.
Que el bache fue cuestión de días parece ser corroborado por el pico alcanzado el 30 de diciembre, cuando la producción alcanzó un máximo histórico de 982.000 barriles.
Si bien el pico no fue suficiente para elevar de manera significativa el promedio mensual, la confianza es alta en que el ansiado millón se conseguirá a más tardar en febrero.
Más allá de esa apuesta, es necesario reconocer que a pesar de lo sucedido, las cosas parecen ir por buen camino. Para comenzar, la extracción de crudo sigue subiendo, pues pasó de un promedio de 522.000 barriles diarios en el 2007 a casi 914.000 en el 2011. Puesto de otra manera, en apenas cuatro años la producción petrolera ha tenido un incremento del 75 por ciento, lo cual constituye una evolución notable.
Adicionalmente, la actividad sigue siendo la principal receptora de recursos de inversión extranjera directa, sin contar el millonario presupuesto que le dedica Ecopetrol.
Según las estadísticas del Banco de la República, de los 10.506 millones de dólares que entraron a Colombia por este concepto entre enero y septiembre pasados, más de cuatro quintas partes se destinaron a la minería, dentro de la cual el petróleo se lleva la mayor tajada.
El entusiasmo de las empresas que operan en el ramo es tangible. De acuerdo con la Agencia Nacional de Hidrocarburos, el año pasado se superó la meta de nuevos contratos firmados con compañías locales y foráneas, mientras que en ejercicios anteriores las labores de sísmica –que son clave para identificar nuevos yacimientos– han estado por encima de lo esperado.
A pesar de ese panorama, no todo son buenas noticias.
Por ejemplo, el número de pozos exploratorios perforados llegó a 115 en noviembre, un nivel sin precedentes, pero todavía lejano del objetivo de 130 fijado para el 2011. Los conocedores del asunto sostienen que existe un gran cuello de botella en lo que tiene que ver con la expedición de licencias ambientales, que no ha sido posible resolver.
Aparte de lo anterior, hay limitaciones con la infraestructura que pueden convertirse en una camisa de fuerza en un futuro cercano.
Desde el punto de vista técnico, si bien el porcentaje de pozos productivos es alto, las reservas halladas en cada caso no son considerables, lo que lleva a que la alcancía petrolera del país no sea muy voluminosa.
Para completar el panorama, se han encendido luces de alerta en el frente de la seguridad.
La llegada de empresas a zonas remotas ha venido acompañada de algunos atentados y secuestros, que ocasionan inquietud. Por tal motivo, y sin desconocer la importancia de las cifras globales, es evidente que habrá que redoblar esfuerzos para que la locomotora gane en velocidad en los meses y años por venir.