Sin embargo, la intervención de InterBolsa por parte de la Superintendencia Financiera volvió a demostrar que no hay nación alguna en el mundo que esté exenta de tener un tropezón en este frente, así su economía se encuentre saludable.
En esta ocasión lo sucedido no tuvo que ver con causas de orden mayor o externas. Para decirlo con claridad, es imposible hablar de la ruptura de una burbuja especulativa o de una crisis sistémica, por la sencilla razón de que esta no existe. En cambio, se puede afirmar de manejos inapropiados en la administración de una firma que apostó en grande y lo perdió todo, dejando a más de un damnificado en el camino.
Reconstruir la película de lo sucedido es algo que a las autoridades les tomará varias semanas. Por ahora, es claro que la comisionista de bolsa en problemas abusó del mecanismo de los pactos de compra con promesa de retroventa –conocidos coloquialmente como ‘repos’– hasta acumular un saldo cercano a los 300.000 millones de pesos, respaldados con acciones de Fabricato y en menor grado de Coltejer, Bolsa Mercantil y la propia InterBolsa. También pareciera que la cifra aumentó de forma exponencial en los últimos meses y que el salto ocurrió a espaldas de la junta directiva, cuyos integrantes renunciaron en masa cuando supieron de lo ocurrido.
Pero todavía está por definirse en qué punto comenzaron las dificultades de liquidez y si la apresurada expansión de los últimos años –incluyendo presencia en Estados Unidos, Brasil y Panamá– tuvo que ver o no. Tampoco será fácil desenredar la maraña de sociedades ubicadas en diferentes puntos o sectores y establecer la posibilidad de que algunas de ellas continúen con vida.
Mientras eso sucede, es fundamental que el Gobierno envíe varias señales para contener eventuales contagios. En primer lugar, las personas que habían adquirido títulos a través de la comisionista deben saber que estos se encuentran a buen recaudo. En segundo término, quienes tenían dinero colocado en fondos mutuos necesitan recibir información de que obtendrán sus recursos, una vez se liquiden las inversiones hechas. Y en lo que hace a los accionistas de InterBolsa, es bueno que sepan que la acción seguirá suspendida y que las probabilidades de un proceso liquidatorio son muy altas.
Por otra parte, es fundamental mantener la confianza en un mercado que es sólido y está bien regulado. Pretender hacer leña del árbol caído sería una equivocación garrafal, en momentos en que las comisionistas de bolsa necesitan presentar un frente unido. Una vez más, es bueno recordar que la economía colombiana es vigorosa, que las empresas que tienen listados sus títulos en la bolsa andan bien y que los motivos que han hecho el país atractivo a los ojos de los inversionistas extranjeros persisten.
Dicho lo anterior, hay lecciones que deben incorporarse para evitar que en un futuro se vuelva a recorrer el mismo camino. Las normas sobre repos y manejo de la posición propia tienen que volver a ser examinadas, con el fin de no permitir abusos que a primera vista son difíciles de observar en los estados financieros. Igualmente, hay temas de gobierno corporativo que habrá que considerar, incluyendo el rol de administradores, juntas directivas y auditores internos y externos.
En años recientes han abundado en el mundo ejemplos de entidades en dificultades, debido a múltiples factores. Y aunque todavía es larga la lista de aquellas que se encuentran en problemas, las que han salido adelante lo han podido hacer gracias a la presencia de un marco institucional fuerte, que funciona en las emergencias. Eso es lo que se debe demostrar en el caso de InterBolsa, al actuar con celeridad en el manejo de un episodio desafortunado, pero, al fin y al cabo, aislado.
RICARDO ÁVILA PINTO
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