Mientras la evolución de la ola invernal concentra la atención del país por cuenta del aumento en el saldo de damnificados y la destrucción de la infraestructura en diversos puntos de la geografía, otro tipo de corrientes han aumentado su caudal. Se trata de los flujos de Inversión Extranjera Directa que mantienen una dinámica muy llamativa.
Y es que según los datos de la Balanza Cambiaria que elabora el Banco de la República, la llegada de recursos al país avanza a ritmos sin precedentes. Hasta el 8 de abril pasado el acumulado iba en 3.689 millones de dólares, con un incremento de 55 por ciento frente a igual periodo del 2010.
De ese total, la inmensa mayoría (86 por ciento) se concentró en los ramos de petróleo y minería que experimentaron un salto de 56 por ciento. Semejante comportamiento ratifica el buen momento del país en este campo. Si bien no existen cifras consolidadas recientes, los estimativos sugieren que Colombia está sólo por debajo de Brasil y México en América Latina, como punto de mira de los inversionistas.
Un poco más atrás se encuentran Argentina, Chile y Perú, anotando que los dos últimos son también muy atractivos debido a sus riquezas subterráneas y la estabilidad que exhiben –por lo menos hasta ahora– en sus reglas de juego. No hay que olvidar que la probabilidad de que Ollanta Humala llegue al palacio presidencial en Lima ha abierto un compás de espera, pues su discurso pone nervioso a muchos.
Pero más allá de lo que pueda suceder en otras latitudes, es incuestionable que los extranjeros siguen a la búsqueda de oportunidades en el territorio nacional. Tal como era de esperarse ante el auge en los precios de las materias primas, el principal interés se concentra en los hidrocarburos, pues a punta de hallazgos de yacimientos de mediano tamaño, la producción de petróleo, y con ella la suerte de un puñado de compañías, ha mejorado en forma notable. Igualmente, hay un escenario interesante en lo que hace al gas natural, dada la evolución del mercado interno y externo.
A su vez, el carbón mantiene su senda de desarrollo en medio de un futuro relativamente despejado. Si bien el transporte y la escasa infraestructura portuaria son todavía dos cuellos de botella importantes, las perspectivas para el sector son buenas, entre otras porque las plantas de energía nuclear que nutren de electricidad a buena parte de Europa y Japón están en entredicho debido a la debacle de Fukushima.
Finalmente, en lo que hace al oro, varias iniciativas continúan su marcha, aunque el entusiasmo de hace unos meses ha disminuido ante la falta de un escenario claro en lo que hace al tema ambiental.
Tales circunstancias hacen pensar que la inversión extranjera mantendrá su ritmo creciente. Tal como ocurre en otras partes del continente, el grueso de los recursos se está concentrando en el sector extractivo, alentado por la fuerte demanda proveniente de Asia. En contraste, lo que se le destina a la industria, al comercio o la construcción es sensiblemente menor, algo que no es del todo deseable así resulte difícil de cambiar.
Al mismo tiempo que eso pasa, los colombianos también han decidido cruzar las fronteras. En el 2010, por ejemplo, la inversión extranjera de las empresas nacionales llegó a 6.504 millones de dólares con un alza del 111 por ciento. En lo que va del 2011, por su parte, esa suma va en 694 millones de dólares, un incremento del 825 por ciento.
Tales movimientos confirman que las nuevas realidades son de doble vía y que no sólo el dinero viene, sino que se va, en un país en el que la globalización es cada día más evidente.