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En espera de un relevo

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Como bien dice el refrán, todo depende del cristal con que se mire la realidad.
Por eso, bajo el prisma de la crisis que por estos días afecta a buena parte del mundo desarrollado y se siente en múltiples naciones emergentes, el comportamiento de la economía colombiana durante el primer trimestre del 2012 se puede considerar como satisfactorio.
Según lo informó el Dane ayer, el Producto Interno Bruto tuvo un crecimiento del 4,7 por ciento en comparación con igual periodo del año pasado.
Si bien la cifra es la menor de los últimos 18 meses, se encuentra por encima del promedio histórico y se ajusta a las previsiones de los analistas en un contexto global de desaceleración.
Tal como ha sido la constante desde mediados de la década pasada, el ramo de explotación de minas y canteras volvió a ser el de mayor dinámica, con un incremento del 12,4 por ciento.
El alza del 10,1 por ciento en la extracción de petróleo, del 14,1 por ciento en la de gas natural y carbón, del 63,5 por ciento en la de níquel, y del 9,2 por ciento en la de oro, confirma el empuje de una locomotora que avanza mucho más rápido que las demás.
El segundo lugar en la lista fue para el sector financiero, jalonado por los servicios de intermediación.
El desempeño de la cartera de préstamos, gracias a una demanda de crédito aún elevada, fue definitivo para los resultados positivos de la actividad. Tampoco le fue mal al transporte, desde el terrestre hasta el aéreo, que ha tenido un transcurrir sobresaliente.
A partir de ese punto, las demás áreas encuentran menos elementos para celebrar.
Ese es el caso del comercio, que todavía sube por encima del 5 por ciento, pero a una velocidad mucho menor que la vista en el 2011. El relativo estancamiento en las ventas de automóviles tiene mucho que ver en lo sucedido.
Por su parte, las luces de alerta se encienden sobre tres áreas específicas. Para comenzar, está la industria, cuya mejora fue apenas del 0,6 por ciento.
Afectada por la competencia externa, la poca dinámica de las exportaciones y la revaluación del peso, la actividad manufacturera se encuentra lejos de sus mejores épocas, lo cual vuelve a poner de presente la necesidad de una política en esta materia.
También es inquietante el balance de la agricultura y la ganadería, que experimentaron una contracción del 0,4 por ciento. Aunque la culpa principal es del café, con una descolgada del 26 por ciento, cuando se excluye el grano de las cuentas, el crecimiento apenas llega al 2,4 por ciento, que dista de ser un dato estelar.
Tal como ha sido la constante en lo que va del siglo, el sector vuelve a ser la cenicienta de una economía que le duplica en ritmo.
A su vez, la construcción retornó a números negativos, por cuenta de la disminución en el capítulo de obras civiles, combinada con un incremento mediocre de las edificaciones.
Resulta increíble que a pesar de los anuncios oficiales y de los mayores presupuestos, la máquina de la infraestructura sigue sin arrancar.
Dicha percepción la confirma –cuando se mira el PIB desde el lado de la demanda– la pobre evolución del consumo público, que subió solamente 2,9 por ciento.
Una mejora en ese frente es fundamental para evitar un frenazo mayor durante el presente trimestre.
El enrarecimiento del clima internacional, la baja en las cotizaciones de las materias primas que exporta el país, y las inquietantes cifras del comercio y la industria durante abril hacen pensar que, en contra de las expectativas oficiales, puede haber una ralentización notoria si no hay una buena reacción a tiempo.
Ante ese peligro, es menester volver a insistir en la debida ejecución de los programas de inversión estatal.
Hasta ahora, la responsabilidad del buen desempeño de la economía colombiana se le debe al consumo de los hogares. Si el Gobierno no toma la posta ahora y hace el relevo que le corresponde, puede ocurrir que la parte final del año resulte mucho menos auspiciosa que la primera.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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