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Fantasmas que no existen

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Las encuestas no mienten. Cada vez que se les pregunta a los colombianos sobre la institución que más admiran, ya sea en el sector público o el privado, en el primer puesto siempre está el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena).
Fundada hace más de medio siglo, los programas de formación de la entidad han beneficiado, literalmente hablando, a millones de personas a lo largo de su historia.
Una de las razones es que sus cursos se ofrecen en todos los departamentos. Para un gran número de ciudadanos que no cuentan con los recursos necesarios para pagar los servicios de una institución privada y poder recibir enseñanzas de buena calidad, el Sena es la única salida.
Pero no se trata solamente de que la educación ofrecida sea gratuita, sino de la pertinencia de sus programas, que se expresa en mejores ingresos –que superan el promedio nacional– para quien ha pasado por sus aulas.
Ante esa realidad, no es de extrañar que cualquier rumor en el sentido de que el futuro de la entidad está en peligro genere multitudinarias reacciones.
Por cuenta de tales percepciones, es fácil sacar a la calle a miles de aprendices que buscan defender el que consideran un valioso patrimonio público.
El problema es que los anuncios apocalípticos que se hacen de tiempo en tiempo no tienen razón de ser. Puesto de otra manera, no ha existido Gobierno alguno que haya tenido la intención de desmontar el Sena, ni mucho menos privatizarlo, como lo afirman con frecuencia consignas y pancartas.
Sin embargo, sacar de vez en cuando al escenario un fantasma inexistente es algo que genera una inmensa rentabilidad política.
Así lo comprueba el caso del congresista por el Polo Democrático Wilson Arias, quien lidera una organización llamada Coes (Comité de Estudiantes y Egresados del Sena) y es el poder detrás del trono de Sindesena.
La influencia que tiene el principal sindicato del organismo es tan grande que no solo el parlamentario tiene una gran opción de seguir en el Capitolio, sino que la presidenta de la asociación de trabajadores parecería interesada en postularse a la Cámara de Representantes.
Tal aspiración, en principio, es legítima. Pero lo que es lamentable es el proselitismo que se hace, jugando con los temores infundados de los estudiantes del Sena. Dicho activismo, además, incluye el cierre forzado de los frentes de formación, como sucedió en el Valle del Cauca en junio o la retención a la que fue sometida la directora de la entidad, Gina Parody, a finales de julio en Manizales.
A las acciones mencionadas hay que agregarles tácticas intimidatorias en contra de quienes simplemente desean continuar sus clases o rechazan las razones de fuerza.
Frente a los desmanes, la mejor táctica posible es diseminar la verdad. Esta consiste en insistir hasta la saciedad que el Sena no será privatizado y que, lejos de contenerse, su radio de operación va a ser ampliado.
Así lo demuestra un aumento en el presupuesto, cercano al 20 por ciento en el 2014.
Gracias al incremento en recursos –atribuible a la reforma tributaria de finales del año pasado que con tanta determinación trató de frenar Sindesena– va a ser posible ofrecer 100.000 becas adicionales para tecnólogos, con un costo cercano a los 375.000 millones de pesos. La iniciativa no solo debería servir para capacitar a igual número de jóvenes, sino que probablemente incidirá en las tasas de desempleo de los menores de 25 años, que están en el 16,5 por ciento.
No obstante, para que el programa tenga el impacto esperado, el Sena necesita operar normalmente.
Eso quiere decir que la entidad tiene que ser manejada profesionalmente y con los más altos estándares, sin que la perniciosa influencia del proselitismo político, movido por intereses personales, afecte las labores de un organismo que ha hecho mucho por el país y que solo necesita que lo dejen hacer lo que sabe: enseñar bien.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twittter: @ravilapinto
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