Tal como lo establecen las normas, el Gobierno cumplió hace un par de días con la obligación anual de remitirle al Congreso el Marco Fiscal de Mediano Plazo, en el cual hace una detallada descripción sobre la marcha de las finanzas públicas.
El documento, de casi 300 páginas de extensión, contiene multitud de cifras y análisis sobre la situación de las cuentas estatales, que requieren ser digeridas con calma.
No obstante, mientras los expertos emiten su veredicto, es indispensable señalar algunos aspectos importantes sobre un tema que, aunque complejo y árido, es fundamental. Quien lo dude no tiene más que mirar al otro lado del Atlántico y ver la situación de Grecia, que se encuentra al borde del colapso, por cuenta de un saldo en rojo que no ha hecho más que crecer y que la ha llevado a endeudarse mucho más allá de los límites de la prudencia.
En comparación, la situación de Colombia es diferente. Aunque por estos lados también existe un déficit, este ascenderá en el 2011 al equivalente del 3,4 por ciento del Producto Interno Bruto, una proporción muy inferior a la que se observa en un buen número de economías del Viejo Continente.
En cifras concretas, el cálculo del Ministerio de Hacienda habla de un faltante de 20,6 billones de pesos en el sector público consolidado, una suma que supera en casi 3 billones la del 2010. Buena parte de ese aumento tiene que ver con los costos asociados a la emergencia invernal, que en el presente ejercicio demandará gastos adicionales por cerca de 2,4 billones de pesos.
A pesar de que la circunstancia del Gobierno Central es un poco más precaria, el mensaje general es que la situación está bajo control.
Eso es posible gracias a una notable recuperación en los ingresos tributarios que deberían aumentar en 14 por ciento en el 2011, superando los 76 billones de pesos.
El alza en los recaudos permitirá no sólo atender a los damnificados por las aguas, sino poner en marcha las conocidas locomotoras de la prosperidad. Por ejemplo, el cálculo es que la inversión tenga un salto de más del 22 por ciento, algo que casi no tiene precedentes en la historia del país.
Pero ese no es el único caso.
También los gastos mantienen un ritmo acelerado del 12 por ciento que no deja de producir interrogantes hacia el futuro. Y es que aparte de mayores giros por servicios personales, que crecerán en un 9,4 por ciento, también subirán las transferencias en 11,4 por ciento.
En ambos casos se trata de incrementos muy superiores al de la inflación proyectada, del 3 por ciento.
Especialmente llamativo es el rubro de intereses, pues los correspondientes a la deuda externa se reajustarán en 30 por ciento y los de la interna en 13 por ciento, a pesar del comportamiento de la tasa de cambio y de la abundante liquidez internacional.
El cálculo es que al cierre del 2011 el fisco habrá pagado 17,7 billones de pesos por este concepto.
Tales números dejan en claro que, aunque controlable, la situación no es la ideal, ya que dista de ser holgada. Debido a ello, es necesario continuar el esfuerzo para que el saldo en rojo de las finanzas públicas disminuya y con este el saldo de las acreencias. En tal sentido, el Gobierno sostiene que la aprobación de leyes, como las de sostenibilidad y regla fiscal en la legislatura que termina, son un paso en la dirección correcta.
Según los pronósticos, el faltante en el 2022 debería descender al equivalente del uno por ciento del PIB, la cuarta parte del actual.
Para lograr ese objetivo, las bonanzas del petróleo y la minería serán un factor fundamental. Sin embargo, a pesar de que esos ingresos extraordinarios serán bienvenidos, no está de más recordar que hay una fragilidad implícita que puede volverse un problema de marca mayor si las cotizaciones de los bienes básicos sufren una caída estrepitosa.
Esa es la razón por la cual entidades como Anif sostienen que hay que subir los impuestos, con el fin de que el Marco Fiscal de Mediano Plazo esté realmente despejado.