El almuerzo al que fueron invitados hoy en la Casa de Nariño una treintena de representantes del sector agrícola, junto con el Presidente de la República y varios de sus ministros y altos consejeros, no es una cita más. Y es que en lo que va del actual cuatrienio, el ambiente no había estado tan cargado, como en la presente oportunidad.
Temas que van desde el momento por el que pasa la economía hasta las preocupaciones en torno al proceso de paz con las Farc han generado inquietud entre los empresarios del campo. Además, varios eventos recientes, dentro de los que se destaca el manejo que tuvo el paro cafetero, abren interrogantes entre los dirigentes gremiales.
Muchos quieren saber si el Gobierno piensa desconocer la institucionalidad existente, tal como ocurrió ante las quejas de los cultivadores del grano. La duda es válida cuando se piensa que los productores de papa, arroz, maíz, leche y algodón han hablado de pasar a las vías de hecho si sus peticiones no son resueltas.
Aparte de saber la respuesta, los agricultores piensan hablar de sus dificultades, pero también de soluciones a problemas que califican de comunes. A diferencia de la que ha sido la norma en otras ocasiones, cuando cada interesado presenta su respectiva ‘lista de compras’, en esta oportunidad no se buscan remedios específicos, sino transversales.
Un ejemplo típico es el de la apreciación del peso, que ha sido mencionada repetidamente y sobre la cual un número creciente de actividades exige resultados inmediatos y no promesas de que se están adelantando acciones que eventualmente mostrarán resultados.
Otro caso es el de la infraestructura y la necesidad de que los múltiples anuncios hechos se traduzcan en más frentes de obra. También está la idea de hablar de flexibilización laboral, para que ciertos sistemas de contratación parcial, por días o por horas, tengan cabida en los esquemas de seguridad social. Igualmente, se piensa mencionar el contrabando, que vuelve a ser un dolor de cabeza, sobre todo por los desbalances de la economía venezolana, y que ha llevado, incluso, al tráfico de reses vivas del vecino país a este lado de la frontera.
Y en lo que tiene relación puntual con la agricultura, hay peticiones sobre el financiamiento, tanto desde el punto de vista de acceso como del costo. No menos importante es lo relacionado con insumos y asistencia técnica, en un país que paga los fertilizantes a precios más altos que otras naciones de América Latina y en donde es necesario un mayor esfuerzo en investigación para mejorar suelos o semillas.
Para completar el memorial, muchos productores miran con temor las consecuencias que puede tener la Alianza del Pacífico, de la que forman parte México, Chile y Perú, además de Colombia. Teniendo en cuenta que la meta es la integración profunda, esto implicaría el desmonte de las franjas de precios, frente a socios cuyo sector agrícola es más desarrollado que el nuestro.
Como la idea es que se establezca un diálogo con los responsables de los diferentes temas dentro del Gabinete ministerial, el propósito es definir fórmulas concretas que pueden ir desde mecanismos para contener la revaluación de la moneda hasta alternativas para que abonos o plaguicidas cuesten menos. Queda por verse, claro está, cómo responde el Gobierno, pero si se toma como base lo dicho por Juan Manuel Santos el lunes pasado, tras haberse reunido con su equipo en Hatogrande, la mesa va a estar servida para el diálogo.
Y es mejor que sea así, entre otras razones, porque el viernes el turno será para los industriales, quienes tendrán planteamientos en común con sus colegas del campo. Pero más allá de esas coincidencias, el mensaje para el Ejecutivo es claro y consiste en mostrar que el ejercicio es válido y sirve para encontrar soluciones. En resumen, que no se trata de hablar por hablar.
Ricardo Ávila Pinto / ricavi@portafolio.co