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¿Ahora sí habrá TLC?

Todo está cocinado para que el acuerdo empiece la recta final de la que ha sido una dura ruta.

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Por fin, y al cabo de años de espera, todo indica que el nudo gordiano del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos ha quedado desenredado. Falta, por supuesto, la confirmación oficial de la noticia, que deberían dar en el día de hoy Juan Manuel Santos y Barack Obama, después de que el segundo reciba al primero en la Casa Blanca. Sin embargo, la expectativa entre los conocedores es que todo está relativamente cocinado, para que la iniciativa empiece la recta final de la que ha sido una tortuosa ruta.
Los ingredientes de la nueva receta son una serie de medidas orientadas a calmar al Partido Demócrata, algunos de cuyos representantes son particularmente cercanos a los sindicatos de ese país. Estas forman parte de un llamado ‘Plan de acción’ que contiene una lista de decisiones a las cuales se compromete el Gobierno colombiano en el corto, mediano y largo plazo, en ciertos casos con un sorprendente grado de detalle. En total son cuatro páginas que contienen medidas específicas, que incluyen fechas precisas. Para citar un ejemplo, el próximo 22 de abril debe asegurarse la expansión de los programas de protección a los líderes sindicales y a los defensores de los derechos laborales, al igual que a los maestros. Más adelante, el turno será para asuntos como el número de inspectores laborales, el desmonte de las cooperativas de trabajo asociado o algunas reformas legales que cimenten las normas existentes. 
Aparte del Ejecutivo y el Legislativo, la Fiscalía también tendrá que poner su grano de arena, lo que comprende la investigación de los crímenes cometidos en contra de integrantes de los sindicatos y la rápida respuesta ante nuevos hechos de violencia. La aparición de esos puntos no es nueva.
Desde hace años la razón de los ataques contra los sindicalistas había sido esgrimida por los demócratas para impedir el paso del TLC con Colombia. Si bien el gobierno de Álvaro Uribe recogió los planteamientos que se le hicieron en su momento, eso no fue suficiente para que la suerte del pacto bilateral se despejara en el Congreso. Incluso, la administración Obama sostuvo en varias oportunidades que respaldaba el acuerdo, pero demoró meses en fijar las condiciones para sacar el tema adelante.
 Resolver lo pendiente fue posible gracias a la estrategia conjunta de la Casa de Nariño y la Embajada en Washington. A pesar de contar con un presupuesto limitado y un número de funcionarios pequeño, la labor de comunicación de la causa colombiana fue muy exitosa, como lo demostraron decenas de editoriales en favor del TLC. Debido a esa presión, el mensaje que recibió la Casa Blanca fue que el tránsito de su agenda comercial, incluyendo los pactos con Corea del Sur y Panamá, estaba supeditado a que hubiera luz verde para el país.
El argumento que más tuvo impacto fue el de decir que la demora se estaba convirtiendo en un mal negocio para Estados Unidos. De tal manera, la amenaza de que las importaciones de trigo y maíz lleguen de Canadá, y no de territorios como Iowa o Nebraska, sirvió para cambiar la postura de senadores y representantes de esas regiones. Debido a esa situación, es muy probable que la iniciativa no tenga grandes tropiezos cuando llegue al Capitolio, pues los votos para aprobar la propuesta parecen estar asegurados desde hace varias semanas. Lo anterior no quiere decir que haya que celebrar antes de tiempo, pues las fases que vienen son críticas. No obstante, las cosas deberían salir bien si la tarea se hace con juicio.  Debido a ello, es indispensable que el Gobierno colombiano vuelva a pensar en la agenda de competitividad que en su momento fue desarrollada para preparar al país ante la entrada en vigencia del TLC. Una vez más, dado que la entrada en vigor del calendario de desgravación es inminente, hay que repetir que las oportunidades son amplias, pero que el país tiene que prepararse a conciencia si desea aprovecharlas.
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