Colombia era una sociedad inequitativa y desigual mucho antes de que llegara el coronavirus.
Pero si algo ha sacado a flote esta histórica pandemia son precisamente la combinación de inequidades que sufren la mayoría de compatriotas, desde la violencia doméstica contra la mujer hasta la brecha de conectividad y desde la informalidad laboral hasta la vulnerabilidad de poblaciones como migrantes.
En la lucha contra la propagación de la covid-19 el Gobierno Nacional confinó a la mayoría de la población colombiana en sus casas. Al igual que con las condiciones para el teletrabajo o con la posibilidad de mantener el empleo, no todos los ciudadanos cuentan con viviendas dignas donde pasar la cuarentena.
De hecho, el Departamento Nacional de Estadística (Dane) ha publicado hace unos días los resultados del déficit habitacional del país, calculados bajo la actualización metodológica de 2020 y a partir de los datos del Censo de Población y Vivienda 2018. Es decir, con la información más reciente.
El panorama de las viviendas con algún grado de carencia cualitativa o cuantitativa en el país merece mucha más atención en las prioridades de las políticas públicas. De los más de 14 millones de hogares colombianos, 5,14 millones están en la condición de déficit habitacional.
El déficit habitacional que calcula el Dane es la combinación de los déficit cuantitativo y cualitativo. El primero mide las viviendas con carencias estructurales y de espacio como hacinamiento no mitigable, material de las paredes, entre otros.
El segundo contempla hogares con falencias que pueden atenderse mediante intervenciones como materiales del piso, conexiones a acueducto, cocina separada o servicio de energía eléctrica.
Esto significa que alrededor de 18,2 millones de habitantes residen en espacios con una o varias de estas carencias, es decir, poco más de un tercio de la población colombiana.
El mapa de este déficit en las viviendas dignas se sobrepone a la distribución geográfica de otras desigualdades socioeconómicas. Por ejemplo, los departamentos con mayores déficit coinciden con la periferia del territorio nacional: Vichada (94,5 por ciento), San Andrés Islas (92,8 por ciento), Chocó (91,8 por ciento) y Vaupés (88,7 por ciento).
Y la lista continúa con el resto de territorios amazónicos y de la Orinoquia junto a los de las costas Caribe y Pacífico. En Bogotá el indicador es de 14 por ciento, el más bajo del país.
De acuerdo a estos mismos cálculos del Dane, el 11,7 por ciento de los hogares colombianos, más de 1,6 millones, registran problemas de hacinamiento mitigable mientras que unas 3,5 millones de familias están enfrentando la cuarentena en hogares con serios peligros estructurales o de espacio.
El plan de desarrollo vigente incluye varias metas en vivienda. El gobierno Duque se comprometió a beneficiar en los cuatro años a 600 mil hogares con mejoramiento de vivienda y 520 mil viviendas de interés sociales iniciadas.
De hecho, el Ministerio de Vivienda calificó a 2019 como el “mejor año de la VIS en la historia del país”. Esta afirmación se sustenta en la comercialización de alrededor de 119 mil unidades de este segmento de vivienda el año pasado. Esto equivale a toda una ciudad del tamaño de Valledupar construida solo de VIS.
No obstante, la brecha habitacional, el 26 por ciento cualititativo y el 10 cuantitativo, ratifica tanto que hay mucho trabajo por hacer como la agenda de vivienda social debe retomar la prioridad de la que gozó al inicio de la administración Duque.
La pandemia del coronavirus debe llamar la atención sobre el hacinamiento de millones de colombianos y la necesidad de contar con una vivienda digna.