Es fácil mirar con desánimo la situación de la industria colombiana tras la que ha sido una época francamente mala.
Una mirada a las estadísticas deja en claro que los niveles de producción actuales son inferiores a los alcanzados en 2007, con lo cual se podría hablar de una especie de lustro perdido en este frente. Como si eso fuera poco, el balance que ha dejado el presente año es muy pobre, pues los números en rojo se siguen acumulando.
Ante la recesión que experimenta el ramo manufacturero, abundan las voces que pronostican la debacle. Bajo este punto de vista, no existen las condiciones para esperar un repunte, ya que los resultados en lo que hace a la tasa de cambio no mejoran radicalmente las circunstancias para aquellos ramos golpeados por la revaluación del peso. Y en un escenario más largo, los factores que limitan la competitividad de las fábricas nacionales seguirán presentes, pues cuellos de botella tales como la pobre infraestructura vial tardarán años en resolverse.
Pero aún bajo esos nubarrones, hay quienes afirman que las posibilidades de una reactivación están ahí.
Dentro de las razones esgrimidas, una de las que más llama la atención es el cambio en las circunstancias internacionales.
En concreto, China es cada vez menos un productor de bajo precio, por cuenta del aumento sostenido en sus costos laborales.
Si bien la nación oriental se mantendrá como un exportador de primer orden y su economía se encamina a ser la más grande del mundo, es muy probable que su estrategia de crecimiento se concentre más en su mercado interno y menos en el externo.
Ese redireccionamiento ya empieza a notarse en otras latitudes. México, para citar un caso cercano, experimenta un auge en las inversiones por cuenta de nuevas fábricas que se quieren instalar en su territorio.
Es indudable que la vecindad al consumidor estadounidense es el factor primordial, pero el hecho de que ese país haya firmado acuerdos comerciales no solo dentro, sino fuera del continente americano, es un punto a su favor.
Bajo esa premisa, Colombia tendría algo que ganar por cuenta del cambio de posiciones en las fichas que conforman el ajedrez global. Al fin de cuentas, el país también tiene una posición geográfica privilegiada, al igual que una demanda local creciente, para no hablar de acceso preferencial para sus productos manufacturados, tanto en el hemisferio como en el Viejo Continente.
Sin embargo, el consejo de expertos como Fareed Zakaria y Ricardo Hausmann es que no basta con tener condiciones apropiadas, sino que hay que mostrar cierta agresividad a la hora de promoverlas.
En concreto, lejos de asumir una actitud pasiva, consistente en arreglar la casa con la ilusión de que las visitas vengan a conocerla, las autoridades colombianas tienen que tocar puertas y concentrarse en actividades específicas a las cuales hay que endulzarles no solo el oído, sino el bolsillo.
En otras palabras, el país debería usar de manera explícita las herramientas de que dispone para convencer a compañías que usan tecnologías de punta para que inviertan aquí.
Y esa labor le corresponde más al Gobierno Central que a las regiones, sin desconocer que algunas de ellas tienen oficinas especializadas que son un eslabón muy importante a la hora de allanar el terreno localmente.
No obstante, al momento de hablar de impuestos, desarrollo de capacidades laborales o estabilidad de reglas de juego, nadie sustituye la voz del Poder Ejecutivo. La pregunta es si este está interesado en ir más allá de la estrategia transversal que ha ensayado hasta ahora y embarcarse en un activismo más explícito, dándole prioridad a algunos ramos manufactureros sobre otros.
En caso de que la respuesta fuera afirmativa, también serían necesarios ajustes institucionales orientados a que la industria tenga más visibilidad que la reciente, algo que para sus promotores no solo es justo, sino también necesario.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto