Ha pasado un buen tiempo desde cuando las tensiones que existían entre Colombia y sus vecinos salieron del radar de los observadores, por cuenta del mejoramiento en las relaciones con Caracas y Quito.
En el caso de Venezuela, el diálogo con la República Bolivariana ha mejorado, con lo cual han desaparecido los temores de mediados del año pasado, cuando la posibilidad de una confrontación fue real.
A su vez, con Ecuador, las relaciones diplomáticas se encuentran plenamente restablecidas y todo indica que Juan Manuel Santos hará a finales de noviembre, una visita oficial, la primera de un mandatario colombiano desde el ataque al campamento de las Farc en el que estaba ‘Raúl Reyes’.
El retorno de los gestos cordiales no ha estado, sin embargo, exento de tropiezos.
Así, la enfermedad de Hugo Chávez ha impedido que avancen iniciativas más profundas que podrían ayudarle al clima bilateral. Si bien el mandatario sigue al mando, tanto sus tratamientos en Cuba como la necesidad de aligerar su agenda han ocasionado que se pospongan decisiones importantes y que, incluso, haya un vacío de poder.
Por su parte, la cosa con Ecuador no es fácil. Rafael Correa es un líder difícil e impulsivo que no ha olvidado la que considera una afrenta imperdonable al territorio de su país.
Amigo de la confrontación ya sea con la prensa o con la oposición, el inquilino del Palacio de Carondelet es alguien a quien es necesario tratar con tacto, para evitar que se despierten posturas extremas.
En medio de esas circunstancias, los reportes sugieren que en el ámbito comercial las cosas van relativamente bien. Un parte en ese sentido es importante, porque se trata de los mercados tercero y cuarto para los exportadores colombianos, por debajo de Estados Unidos y China.
Así, la participación de Ecuador como destino asciende al 3,4 por ciento del total, con ventas que llegaron a 1.247 millones de dólares entre enero y agosto. Y aunque Venezuela está muy lejos de épocas doradas, todavía recibe un 2,8 por ciento del valor de los bienes que despacha Colombia, lo cual dio una suma de 1.045 millones de dólares en los primeros ocho meses del 2011. En ambos casos, es necesario señalarlo, la tendencia es creciente, aunque está muy por debajo del promedio general de las exportaciones.
A la luz de esos datos, es indudable que el país tiene que hacer lo que esté a su alcance para cuidar su presencia ya sea entre los consumidores venezolanos o ecuatorianos.
De tal manera, es inquietante la presencia de algunos nubarrones que hacen pensar que las cosas se pueden poner más difíciles si Bogotá no juega sus cartas con cuidado.
Para comenzar, el avance del mentado acuerdo de complementación económica con Caracas ha sido muy lento. Debido a ello, Colombia ha tenido que depender de la prórroga de las preferencias arancelarias que existían en el marco de la Comunidad Andina (CAN), las cuales expiraron ayer. Aunque todo indica que el régimen chavista hará una nueva ampliación de esas ventajas, hay que concretar la expectativa del Ministerio de Comercio Exterior de conseguir que un tratado bilateral quede definido este año.
Al mismo tiempo que eso ocurre, está el anuncio de Rafael Correa sobre su deseo de abandonar la CAN, ante los problemas que han tenido los camiones ecuatorianos para pasar con su carga a Colombia.
El tema ha sido motivo de roces fronterizos en el pasado, pero nadie había amenazado antes con abandonar el pacto subregional debido a algo que se puede manejar si las partes involucradas aportan su buena voluntad.
Por tal motivo, Colombia tiene que prestarle atención a lo que pasa en las capitales cercanas.
Ello implica no sólo algo de diplomacia presidencial, sino de más contactos ministeriales y reuniones a nivel técnico para evitar que suba la temperatura. De lo contrario, el país puede encontrarse con nuevos dolores de cabeza comerciales, no en otras latitudes, sino en su propio vecindario.