Hoy hace cuatro semanas el Ministerio de Salud confirmó el primer caso oficial de coronavirus en Colombia. En este período, que ha parecido una eternidad, la vida cambió para millones de colombianos, sus familias, sus empleos, sus hogares y las empresas donde laboran.
Apenas en la mitad de la cuarentena obligatoria, decretada por el Gobierno Nacional, el ritmo de propagación de la covid-19 no para en el territorio nacional. El más reciente reporte de las autoridades sanitarias muestra que el número total de casos confirmados ya llegó a 1.161, 19 muertes y 55 recuperados.
Este primer mes de crisis disipó, tanto en Colombia como en el resto del mundo, las voces que invitaban a abordar esta crisis con medidas tibias, que mantuvieran muchas de las actividades cotidianas. De hecho, aquellos líderes y gobiernos que optaron por un camino más laxo se vieron obligados a adoptar medidas más drásticas ante el imparable avance de la pandemia que ya superó el millón de casos en el mundo.
No se equivocaron las autoridades nacionales y locales en apostarle a un aislamiento preventivo de toda la población. No obstante, a medio camino de los 19 días de la cuarentena, parece que vamos en ruta a las dos o tres semanas más complicadas en cuanto al crecimiento de los casos.
Ya el presidente, Iván Duque, y el ministro de Salud, Fernando Ruíz, empezaron a ambientar el mantenimiento de las restricciones de movilidad para los ciudadanos más allá del 13 de abril, fecha del fin del aislamiento obligatorio.
La alcaldesa capitalina, Claudia López, habló de “apagar la economía” en una cuarentena que podría durar tres meses y reducirse a las actividades básicas.
Las discusiones sobre la extensión del actual período de cuarentena o la instauración de un sistema de cuarentenas más flexible por más tiempo se están dando en medio de los impactos sociales y económicos del distanciamiento social. Han sido acertadas las decisiones del Gobierno Nacional, el Distrito Capital y otros gobiernos locales de activar ayudas sociales a las familias más vulnerables que les permitan mitigar la falta de ingresos. A pesar de que los giros ya están fluyendo, se quedan por fuera miles y miles de personas, incluyendo migrantes venezolanos, que conforman buena parte de la economía informal del país.
No obstante, las drásticas medidas para proteger la salud y reducir el ritmo de contagio golpean severamente a todos los hogares y a las empresas de los más variados sectores. Estas primeras semanas de aislamiento han evidenciado las urgencias financieras de los estratos medios y el estrés económico de miles de negocios y emprendimientos.
Se apilan los llamados para cuantiosos y millonarios paquetes de ayudas a distintos sectores de la economía así como alivios a los créditos y las deudas tanto de personas como de empresas. Crece asimismo la presión para que el Gobierno pondere y adopte decisiones “heterodoxas” o que se salgan de la usual caja de herramientas.
El primer mes de la lucha contra la pandemia dejó varias lecciones: el acierto en el abordaje del aislamiento social drástico; el foco en la información y el respaldo científicos; el énfasis de las primeras ayudas en los más pobres; el enorme peso de la informalidad y la fragilidad financiera del tejido empresarial; la solidaridad del sector privado; el poder de las TIC; la exacerbación de las inequidades, entre otras.
Ya arrancó abril, mes en el que vendrá otra ronda de difíciles decisiones sanitarias, sociales y económicas. ¿Extender la cuarentena por cuánto tiempo más o adoptar cuál nuevo modelo de aislamiento? ¿Cómo estirar las ayudas económicas a los hogares medios y a las empresas? ¿Cómo manejar las poblaciones sin ayudas? ¿Cómo extender las pruebas y las camas? El mes apenas comienza.
Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
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