Ayer se cumplieron dos meses de la detección del primer caso oficial del coronavirus en Colombia.
En este periodo, los casos totales ya bordean los nueve mil, mientras que el país lleva una cuarentena obligatoria de casi 45 días, que se extenderá 15 jornadas más a partir del lunes.
No ha pasado la primera semana de mayo y ya quedó claro que este mes que corre será diferente del abril en confinamiento que acaba de terminar.
Los cambios que vienen en las siguientes semanas durante esta tercera fase del aislamiento preventivo podrían dividirse en tres categorías: los relativos a la salud pública y la pandemia, los derivados de la flexibilización de la cuarentena, y las consecuencias económicas.
En materia sanitaria, los reportes diarios durante mayo probablemente seguirán reflejando el avance de la covid-19 en varias partes del territorio nacional. Lo preocupante es que ese avance no es homogéneo en términos regionales. Es decir, departamentos como Amazonas, Meta, Valle del Cauca y Risaralda presentan tasas altas de casos confirmados por cada 100 mil habitantes.
Estas trayectorias regionales disímiles, producto de varios factores que incluyen el número de pruebas de diagnóstico, ya invitan al desarrollo de estrategias locales y al traslado de mayores recursos y capacidades a los territorios que hoy carecen de ellas.
La cuarentena 3.0 permitirá a partir del próximo lunes que más de 860 municipios sin casos oficiales de coronavirus abran sus economías. Esta es una de las decisiones más cruciales que ha tomado el presidente Duque durante el manejo de esta crisis sanitaria.
Esa parte del territorio nacional sin covid-19 cubre precisamente pueblos medianos y pequeños con profundas debilidades institucionales y bajo músculo administrativo. Esta fragilidad local gana aún más relevancia en la medida en que serán los alcaldes lo que liderarán en los centenares de municipios el retorno a las actividades económicas con las excepciones contempladas por la norma.
Pero, al mismo tiempo, sobre los hombros de estos mandatarios locales queda el diseño de una estrategia para mantener sus pueblos sin coronavirus, que incluya la promoción de autocuidado, identificación de casos sospechosos y protocolos de atención y el traslado y reporte oportuno de eventuales contagiados.
Estos cambios derivados de la flexibilización del confinamiento también se reflejarán en la vida productiva. La entrada en operación de varios sectores comerciales como librerías, papelerías y lavanderías a domicilio, si bien gradual y de la mano de los mandatarios locales, le cambiará la cara a la cuarentena como la experimentó el país durante el mes de abril.
Con la apertura de más y más sectores, con sus respectivos protocolos de bioseguridad, la sociedad colombiana empezará un tránsito hacia una reactivación económica parcial y limitada, pero aún bajo la amenaza de la pandemia.
Las empresas que integran las actividades productivas beneficiadas de la reapertura de operaciones enfrentan asimismo un reto inmenso. Se trata del cumplimiento estricto de los protocolos y los estándares sanitarios para la protección de sus trabajadores.
El relajamiento del confinamiento exige de las empresas de todos los tamaños el ejercicio de la disciplina más exigente en aras no solo de mantener las puertas abiertas, sino también de cuidar a sus empleados.
El paso de abril a mayo será mucho más que arrancar una hoja del calendario. En este mes se pondrán a prueba los liderazgos y las capacidades institucionales de los mandatarios locales que tienen en sus manos la “llave de la gradualidad”, así como las empresas reactivadas en sus protocolos. Adaptarse al virus es también que los ciudadanos aprendan a autocuidarse.