Los impactos de la pandemia del coronavirus en Colombia se están sintiendo en los más variados frentes económicos y sociales. Uno de ellos es el de la movilidad urbana, en especial en los sistemas de transporte masivo como el TransMilenio de Bogotá, el metro de Medellín, entre otros en varias ciudades.
Las medidas de distanciamiento social requeridas por las autoridades sanitarias para prevenir la propagación de la covid-19, se tradujeron en la adopción de estrictos protocolos en las estaciones y en los buses y, en el caso de Medellín, en los trenes del metro.
A diferencias de otros sectores con modelos de negocios basados en la aglomeración de usuarios como restaurantes, discotecas y espectáculos, el transporte público en las grandes capitales del país es un sistema circulatorio que no podía detenerse.
La cuarentena obligatoria del mes de abril, sumada a las restricciones actuales del 35 por ciento en la ocupación en el transporte público, han golpeado severamente las finanzas de estos sistemas vía la pérdida de ingresos por los pasajes.
El desplome, al igual que en otros sectores de la actividad económica, ha sido dramático. A lo anterior se añade que, para mantener los límites legales de ocupación en esta fase de reapertura gradual, los sistemas deben operar con la totalidad de su flota y al 100 por ciento de los costos.
Por ejemplo, en el caso del TransMilenio capitalino, el hueco que la pandemia ha creado es tan grande que los recursos destinados para todo el 2020 se estarían agotando a principios del mes de agosto. La empresa le habría solicitado al Distrito transferencias adicionales por unos $575.000 millones que la estabilizarían hasta noviembre.
El metro de Medellín también está atravesando actualmente por un peligroso estrés en sus finanzas. La declaratoria de la cuarentena en marzo le costó el 87 por ciento de su nivel de pasajeros. Mientras que antes de la pandemia el sistema recibía alrededor de $1.600 millones diarios, hoy gracias a la reactivación económica está alcanzando los $790 millones.
Para entender mejor el déficit tan grave, basta decir que mientras el metro antioqueño necesita 1,1 millones de viajes diarios pagos para operar en equilibrio, el límite de ocupación máximo hoy es de 435.000. De mantenerse estas actuales restricciones, la caída en los ingresos superaría el 50 por ciento en 2020.
La movilidad urbana no solo ha sido crucial para que las actividades productivas no se paralizaran del todo, sino también juega un papel fundamental en la etapa de reactivación de la economía que hoy transita el país.
Y los sistemas de transporte masivo en las principales ciudades son los responsables de transportar a sus usuarios en un ambiente protegido y con distanciamiento social. Por cumplir con esta responsabilidad sanitaria, sus finanzas caminan cada día hacia una situación insostenible.
Desafortunadamente los esfuerzos en cambio de turnos y escalonamiento de horarios de las empresas en ciudades como Bogotá no han funcionado tan bien como se esperaba. Y se necesitan más ideas desde la demanda y también desde la oferta para aplanar las horas pico.
Para sistemas como TransMilenio el Decreto 575 ofrece unos instrumentos de alivio que el Gobierno debe desplegar con prontitud para atender la difícil brecha que amenaza la sostenibilidad de estos sistemas circulatorios de nuestras capitales.
En el caso del metro de Medellín hay varias propuestas que la empresa le ha hecho al Gobierno Nacional que merecen discutirse. Una es la modificación temporal del acuerdo de pago con la Nación para poder liberar unos recursos que hoy están destinados a esa deuda. Otra es el acceso a los recursos del Fome. Definiciones en estas peticiones son de gran urgencia.