Mientras en Colombia temas como el fin de la incertidumbre sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el juicio en contra de los integrantes del Grupo Nule o las protestas contra la propuesta de reforma educativa acapararon la atención de la opinión pública, en otras latitudes las preocupaciones fueron de otra índole.
Así lo demostró el alza en las cotizaciones de los productos básicos, que mantuvo la tendencia de semanas recientes. De tal manera, no sólo el oro llegó a máximos históricos al acercarse cada vez más al nivel simbólico de 1.500 dólares la onza, sino que el maíz, el trigo, la cebada, la soya, el cobre y la plata registraron importantes aumentos en su precio.
Mención especial merece el petróleo, que ha tenido un incremento del 15 por ciento en respuesta a las tensiones en el mundo árabe y a los ataques hechos en Libia por una coalición, al amparo de lo dispuesto por las Naciones Unidas contra el régimen de Muamar Gadafi. Ante lo sucedido, aumenta el número de analistas que creen que el crudo va a subir todavía más, algo que podría tener repercusiones globales serias.
Tales variaciones tienen mucha importancia para Colombia. Por una parte, el país es un productor destacado de materias primas y debería ver reflejada esa situación en una mayor facturación de sus exportaciones, pues además los volúmenes vendidos están subiendo.
No hay duda de que el notable aumento en las ventas externas registrado durante el primer bimestre del 2011 tiene mucho que ver con ese fenómeno de mayores cotizaciones. Por otro lado, lo ocurrido hace sonar la campana de alerta de la inflación, que hasta ahora sigue controlada, pero que en un buen número de naciones –emergentes y desarrolladas– se ha acelerado.
A pesar de la relativa tranquilidad en ese frente, vale la pena prestarle atención a las señales que vienen de afuera, ya que puede repetirse la situación del 2008, cuando la presión de las materias primas se acabó reflejando en el costo de la canasta familiar. No menos importante es que una elevación demasiado abrupta en los valores de los insumos energéticos y alimentarios puede trastornar las esperanzas de recuperación de la economía del planeta.
Hasta ahora la percepción de los analistas es relativamente optimista y el consenso es que el impacto de golpes como la crisis financiera de Portugal o el terremoto de Japón es manejable. No obstante, si vuelven a confluir los vientos en contra, la situación puede cambiar, por lo cual vale la pena mirar lo que pasa en otras regiones.