Este lunes el país entraba en una segunda fase del aislamiento obligatorio preventivo para combatir la propagación del coronavirus en el territorio nacional.
El gran paso de esta nueva versión de la cuarentena es la reapertura de dos sectores claves para la economía: la construcción y ocho subsectores de la industria manufacturera.
El anuncio del presidente Iván Duque, hace ocho días, desató un debate nacional alrededor tanto de la conveniencia de flexibilizar algunas condiciones del confinamiento como de la preparación del Gobierno, las administraciones locales, las empresas y los trabajadores.
Más allá de la discusión política en los medios de comunicación y en las redes sociales, lo cierto es que el arranque de la segunda fase del aislamiento estuvo marcado por la confusión, la falta de claridad y una creciente percepción de descoordinación entre los distintos niveles del Gobierno.
Es justo reconocer que en una crisis sanitaria como esta pandemia de la covid-19, es preferible demorarse un poco en tener claridad que acelerarse y elevar los riesgos de la población. De ahí la imperiosa necesidad de diseñar un proceso de retorno gradual de estos dos sectores y los protocolos de bioseguridad para la protección de los trabajadores en las fábricas, los proyectos de construcción y los sistemas de transporte público.
Es decir, es mucho más importante en estos momentos la claridad que la celeridad, ya que la primera protege la salud. La prioridad del cuidado de los trabajadores privilegia esa claridad por encima de la rápida puesta en marcha de estas actividades económicas.
Dicho lo anterior, lo mínimo que las empresas y los trabajadores de la construcción y la industria manufacturera esperan de todos los niveles del Gobierno es una total claridad en cuándo, cómo y con quién reanudar operaciones.
De hecho, al resto de la opinión pública y a los sectores que aún no están autorizados para operar también les sirve esa misma claridad. Les es muy útil, ya que de cómo se despliegue esta reanudación de actividades dependerá el diseño de mejores instrumentos de política para “prender” otros sectores en futuras etapas del confinamiento.
Muchos factores impidieron que el primer día de la segunda fase de la cuarentena tuviera la claridad necesaria para enviar a los sectores económicos y a todos los colombianos un mensaje de tranquilidad.
En primer lugar, a pesar de que el presidente Duque anunció hace una semana la apertura, las normas con los detalles se demoraron varios días más. La decisión de modificar el aislamiento para flexibilizar restricciones es casi tan crucial como la decisión original de implementar la cuarentena.
La razón es simple: la pandemia continúa y persiste el temor de los ciudadanos al contagio, por lo que el cómo salir debe ser diáfano, así como el por qué.
Un segundo aspecto es el de la coordinación intergubernamental. Desafortunadamente, la velocidad a la que las ciudades están registrando las empresas y los empleados para reiniciar operaciones no es la misma. Este es el peor momento no solo para ventilar desacuerdos en público, sino también para cobrar supuestas ganancias políticas.
Por último, los procesos de creación, aprobación y ejecución de la reapertura para la construcción y las manufacturas no se desarrollaron de manera simultánea. Hoy las fechas de retorno de la industria difieren de ciudad en ciudad en concordancia con sus registros y sus verificaciones locales.
Este confuso arranque no es una situación que no pueda superarse en los próximos días con una coordinación más efectiva entre el Gobierno Nacional y las alcaldías. Miles de empresas y trabajadores esperan la claridad para empezar la reactivación del país.
Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
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