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Una ventana que se cierra

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A veces, en medio de las dificultades del día a día, resulta complicado mirar más allá de la coyuntura y entender no sólo lo que queda detrás de la colina, sino al otro lado de la montaña.
Esa reflexión es especialmente válida en estas épocas en las cuales los temores sobre una nueva recesión internacional han hecho olvidar que, aparte de lo que les pase a las bolsas o a algunas naciones en los meses que vienen, existen tendencias de largo plazo que no se deben ignorar.
En tal sentido hay que destacar que cualquier análisis futuro no puede desconocer los temas relacionados con la población, por lo cual ese fue el tema del especial editorial con el que Portafolio celebró sus primeros 18 años. Y es que más allá de los números generales que hablan de 7.000 millones de personas en el mundo y algo más de 46 millones en Colombia, se esconden cambios profundos para los que hay que estar preparados.
Puesto de otra manera, no sólo se trata de saber cuántos vamos a ser al final de la presente década o de la próxima, sino de entender lo que implica una pirámide de edades que está en permanente evolución.
En general, tales transformaciones se ven en todo el planeta. Gracias a factores como la mejora en la salubridad, la llegada del agua potable, los avances de la medicina, los incrementos en el ingreso, la disminución de las guerras y una alimentación más balanceada, los seres humanos viven más tiempo, en condiciones de mayor bienestar que antes.
Como siempre ocurre en estos casos, existen todavía lugares en el globo terráqueo en los cuales la esperanza de vida al nacer es inferior a los 50 años, pero cada vez son más las naciones cuyos pobladores superan los 80 años.
Precisamente, las diferencias que existen entre los niveles de progreso han conducido a que no todas las sociedades vayan al mismo paso.
Por ejemplo, está el caso extremo de Japón, cuya población disminuye en tamaño porque las tasas de fertilidad han descendido más de lo que se necesita para crecer o mantenerse estable.
La falta relativa de jóvenes ha conducido también a que una proporción elevada de personas de la tercera edad forme parte activa de la fuerza laboral, pues es un segmento cada vez más numeroso.
Según las Naciones Unidas, en 1980 los mayores de 60 años ascendían a 384 millones. Ahora, esa cantidad es de 893 millones y en el 2050 se espera que llegue a 2.400 millones, en un mundo que para ese entonces tendrá 9.000 millones de habitantes.
Por su parte, Colombia es un país joven que está madurando. Si bien los 46 millones de hoy en día pasarán a ser casi 51 millones a finales de la presente década, lo más importante es la apertura de lo que los técnicos conocen como una oportunidad, consistente en un bono demográfico.
Tal como lo explica el Dane, si en 1985 la proporción por cada 100 personas en edad productiva era de 70 dependientes, en el 2005 esa razón había bajado a 60 y en el 2020 debería disminuir a 51.
Eso, en términos prácticos, quiere decir que existe un chance único que dura 12 años, consistente en disminuir la pobreza y mejorar el ahorro y la inversión, pues la población en edad de trabajar tendrá que repartir la torta de sus ingresos en menos trozos.
El problema es que dicha ventana empieza a cerrarse a partir del 2023, cuando va a comenzar el proceso inverso.
En conclusión, sería imperdonable desperdiciar algo que no volverá a repetirse. Eso quiere decir que cualquier mejora en el empleo y la distribución del ingreso va a ser mucho más rentable ahora.
También, que si no se toman medidas adecuadas para tener sistemas sostenibles de salud y pensiones que soporten a una población cada vez mayor, la posibilidad de una crisis social y fiscal a la vuelta de un tiempo es de verdad. Tanto, como saber que los años no pasan en vano.
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