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Otra vez el Plan B

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Basta con mirar los titulares en la prensa económica mundial para darse cuenta de que el clima ha empeorado mucho en las últimas semanas. Por cuenta de los problemas de Grecia y la falta de capacidad de sus gobernantes, las alarmas están encendidas de nuevo.
Como si eso fuera poco, en el seno de la Unión Europea la tensión sube, acentuada por la llegada de un nuevo presidente francés, que no comulga con las recetas de austeridad que ha impuesto hasta ahora Alemania.
La conjunción de ambos factores puede llevar a que Atenas se vea obligada a salir del euro, una eventualidad que significaría la quiebra de la nación mediterránea y de buena parte de sus habitantes. Pero más allá de sentir pena por los griegos, que darían un gran paso atrás en su desarrollo, el inconveniente es lo que suceda en el resto del planeta.
Por ejemplo, el exprimer ministro Lukás Papademos sostuvo en una entrevista que el efecto combinado de dicho escenario se traduciría en pérdidas que oscilarían entre 500.000 y un billón de euros, una cifra que se acerca al dos por ciento del PIB global.
Tal estimativo tiene como base no solo el golpe que tendrían que asumir los bancos europeos que tienen bonos helénicos y créditos vigentes en Grecia.
En la cuenta también está presente el costo del efecto dominó, que podría conducir a una situación de insolvencia a Irlanda y Portugal, así como poner en serios aprietos a España e Italia, las cuales deben refinanciar sus obligaciones.
De hecho, el escenario es tan catastrófico que el premio Nobel Christopher Pissarides afirma que la sensatez se acabará imponiendo, antes de que pase lo peor.
No obstante, es mejor estar bien preparados. Ese fue el consejo que recibieron ayer los líderes europeos en Bruselas y el que deberían atender todos los países, incluyendo a Colombia.
La razón es una sola.
Si alguna lección dejó la crisis que comenzó en el 2008 es que existen vasos comunicantes en la economía mundial, y nadie se puede considerar blindado ante la llegada de una tormenta. La prueba más obvia es el aumento en el precio del dólar, que ayer cerró en 1.845 pesos -la cotización más alta en más de cuatro meses- mientras la bolsa volvía a registrar números rojos, sin duda ante el nerviosismo de los inversionistas que buscan refugios más seguros.
Pero esos no son los únicos elementos.
La perspectiva de una recesión se ha sentido en menores cotizaciones de las materias primas, como en el caso del petróleo, que volvió a estar por debajo de los 90 dólares por barril.
Al mismo tiempo, el comercio internacional se ha desacelerado y un número cada vez mayor de países ha reducido sus apuestas sobre el crecimiento.
Aunque la situación actual tiene grandes diferencias frente a la de hace cuatro años, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, hay elementos en común que son inquietantes, como la fragilidad del sector financiero en las naciones industrializadas.
Para colmo de males, el espacio fiscal a la hora de impulsar programas de estímulo es casi inexistente, con excepción de China o Alemania, en el caso de los más grandes.
En consecuencia, el gobierno colombiano no solo debería tener los ojos muy abiertos, sino empezar a desarrollar un Plan B, en caso de que en Europa se derrumbe la estantería. Hay que recordar que en el 2009 la economía sufrió un fuerte frenazo y el desempleo aumentó, así, al final, el desempeño del país haya sido muy superior al de América Latina.
Afortunadamente, hoy en día el saldo en contra de las cuentas estatales colombianas es mucho más bajo que en ese entonces.
El déficit, en el caso del sector público no financiero, bajó al equivalente del 2,1 por ciento del PIB en el 2011, con lo cual existe la posibilidad de tomar medidas contracíclicas, si llegara a ser necesario.
Así, lo mejor es comenzar a pensar sobre lo que se debe hacer, antes de que venga el temporal. Es posible que con mejorar los índices de ejecución del gasto sea suficiente, pero hay que moverse ya. Solo así será posible minimizar el impacto de una catástrofe que cada día que pasa se ve más factible.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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