Mi capacidad de entender cada vez se deteriora más. Antes pensaba que para combatir el lavado de activos, el contrabando y la ilegalidad, lo necesario era fortalecer la institucionalidad y los acuerdos entre los países que comparten fronteras. Mejorar la formación y el desarrollo del recurso humano, técnico y tecnológico para la libre circulación de los servicios, las mercancías y las personas para que contribuyan a un buen bienestar y desarrollo de las naciones.
Y, uno se pregunta: ¿la solución no será abrir los pasos fronterizos para promover la legalidad y cerrar las ‘trochas’ para evitar los males que nos aquejan? Durante estos últimos meses se ha intentado exactamente lo contrario y los resultados no han sido los mejores.
No hay que engañarse: el contrabando de productos colombianos, especialmente hacia los estados fronterizos en Venezuela, es creciente, y la especulación reina. La ‘evidencia es el criterio de la certeza’: basta ir a los supermercados para encontrarlos, eso sí, mucho más caros que en Colombia, entre otras, en razón a que la ilegalidad tiene mayores riesgos y costos. Pero, no es menos cierto, que siguen llegando a Colombia productos subsidiados en Venezuela como los cárnicos y la gasolina, mucho menor que hace unos meses, pero no por eso menos dañinos para nuestras economías formales y para el desarrollo.
Ahora, nuevamente se cierra la frontera por 72 horas (eso se espera), pero no nos digamos mentiras, solamente estuvieron abiertas por unas horas en la noche, y ‘cuando los gatos son pardos’, las fronteras terrestres para el comercio transfronterizo. Otra vez ‘vendiendo el sofá, para evitar la infidelidad y las prácticas desleales’.
La pérdida de credibilidad en la moneda venezolana obedece a múltiples causas, pero sobre todo a una que parecería elemental: cuando se emite para financiar gasto sin que haya una equivalencia en la oferta de bienes y servicios, se genera inflación y los ciudadanos tratan de tener el menor tiempo posible una divisa que se devalúa.
Colombia y, específicamente la Dian, expidieron la Resolución 60 de 2016 y, en respuesta a la solicitud del Gobierno de Venezuela, se establecieron mayores exigencias a los intermediarios cambiarios. Eso ha contribuido a eliminar la especulación con las monedas. Subsisten diferencias claras en las políticas cambiarias de los dos países, como las hay entre la ‘china y Estados Unidos’, pero no por ello, y hasta ahora, disminuye el comercio y la inversión recíproca entre esas naciones.
Los empresarios saben que la permanencia de sus organizaciones depende de la evolución de sus negocios en el mediano y largo plazo. No quieren otra cosa que reglas claras de juego y estabilidad en las mismas. Saben que el intercambio entre Colombia y Venezuela en condiciones de equidad es desarrollo, es empleo, es sostenibilidad, y es positivo para la ciudadanía de las dos naciones.
Abrir los pasos fronterizos legales contribuirá a cerrar las trochas y las prácticas desleales. Para cada problema hay una solución, no debería ser al revés.
Germán Umaña Mendoza
Profesor universitario
germanumana201@hotmail.com