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Venezuela: el tiempo se agota

Es curioso, cuando la economía en nuestros países se estabiliza, las instituciones funcionan y existe continuidad en las políticas monetarias.

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Es curioso, cuando la economía en nuestros países se estabiliza, las instituciones funcionan y existe continuidad en las políticas monetarias, fiscal y cambiaria. Si a lo anterior se suma un equilibrio entre los ingresos y los egresos del Estado, no se comprometen recursos a futuro, se mantienen niveles adecuados de endeudamiento externo sobre el PIB; no hay incertidumbre y se fortalece la paz política.
Esa estabilidad se mantendría si las cuentas externas se comportan de acuerdo con las predicciones sobre la evolución de exportaciones e importaciones, entrada de remesas, salida de utilidades e ingreso de inversión extranjera (directa y de portafolio). Lo mismo si el mercado interno, el nivel de empleo y la capacidad de consumo por producciones locales de bienes y servicios tienen una evolución positiva.
Parece sencillo. Sin embargo, las cuentas externas dependen, en gran medida, de factores externos: que Trump decidió subir aranceles, que se valoriza o desvaloriza el dólar, que revientan burbujas especulativas, que se pierde la confianza en los países y se cierran las fuentes de inversión extranjera y de acceso al endeudamiento externo, que no se mantienen los niveles de reservas internacionales para cubrir el servicio de la deuda y, tantas cosas más.
Y, si a lo anterior sumamos contracciones en el mercado interno, desconfianza de los productores, limitaciones de acceso a las importaciones de materias primas, bienes intermedios, de capital o de consumo, prácticas desleales, corrupción, contrabando, lavado de activos, aumento de las tasas de desempleo o desastres naturales predecibles como Hidrotuango o, impredecibles como el estallido de un volcán o un terremoto, la crisis está servida. No nos engañemos, la economía se encuentra signada por la incertidumbre.
Sin embargo, cuando uno o varios de los factores ocurren y son impredecibles, los países y la economía se ajustan y es allí donde el papel de la política económica es fundamental para superar las dificultades. Solo las economías que ahorraron en las ‘vacas gordas’ o mantuvieron su capacidad de endeudamiento pueden dar respuestas adecuadas para superar las crisis. Pero, qué pasa cuando todas las dificultades confluyen. Venezuela, por ejemplo: disminución en su comercio total con el mundo provocando crisis de abastecimiento, política monetaria expansiva con pérdida total de credibilidad en la moneda nacional, cierre del financiamiento externo, hiperinflación, aumento en el déficit fiscal, contracción dramática de la oferta interna, aumento de la pobreza y en las tasas de desempleo.
Cuando eso ocurre, o se adopta un programa de ajuste estructural para recuperar la confianza o los países se hacen inviables. Ya no existen grados de libertad ni paños de agua tibia, ni discursos que valgan. La pregunta no es qué pasará, sino cuándo. No es justo que un país tan rico y viable como Venezuela se encuentre sometido a tamaña crisis simplemente por negarse al cambio en las políticas económicas en beneficio de su pueblo. El cambio está servido y cercano. ¿Cuál será el papel de Colombia en la recuperación económica y social del hermano país? ¿A lo mejor decidimos pensar en el futuro?
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