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El buen clima laboral

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En el Purgatorio de Dante, la segunda terraza es para los envidiosos, cuyos ojos están cosidos con alambres, porque usaron mal la vista en lugar de admirar lo bueno de los otros. Hay un curioso texto de Cátulo, 50 años antes de Cristo, que en la antigua Roma habla, en un poema, de la envidia y, quién lo creyera, del mal de ojo. Literalmente dice ya en ese entonces: “para que ningún envidioso pueda echarnos mal de ojo”. Envidia viene del latín in videre, o sea, ver en el interior o meter el ojo o la mirada adentro de alguien. El envidioso se confunde con el celoso, ambos están muy inseguros porque se aman muy poco. De hecho, en otros idiomas la palabra para envidia es la de celos: Jealous en inglés, jalousie en francés. La envidia es ver con tristeza y rabia a alguien que se destaca, alguien que brilla. Entonces, se actúa como el sapo que apresa a una linda luciérnaga bajo su pata y le dice: te voy a matar. ¿Por qué si no te he hecho ningún mal? Solo he volado cerca de ti. Y él responde con rabia: te mato porque brillas. Y la aplastó.
El clima laboral se contamina con tres plagas: envidia, juicios y chisme. Cuando uno asesora empresas, los mismos trabajadores le dicen a uno, en voz baja, antes de una conferencia: “hable del chisme y de la envidia”, o “hable de los que juzgan sin parar”. Sí, los empleados saben qué es lo que los tensiona, los pone mal y les impide trabajar mejor en equipo.
¿Cómo puedo crear un buen equipo con alguien que me ha juzgado o ha hablado mal de mí? Lo grave es que la envidia y el juicio son muy frecuentes y obstaculizan el logro de las metas. El que juzga, envidia o chismosea padece graves vacíos de autoestima. No se ama ni se valora y, por eso, intenta rebajar e infravalorar a los demás. Si tú te amas, te sientes seguro de ti mismo y jamás derrochas tus energías en actos mezquinos como juzgar, envidiar o criticar.
El clima laboral es respirable y agradable si se ayuda a todos a tener una buena autoestima y a cultivar habilidades para una comunicación inteligente y empática. Donde hay amor y una buena comunicación, también florece una buena relación. Saber comunicarse pide esto: ser asertivos, amar la verdad, saber escuchar, verificar y, lo más importante, practicar la comprensión y la compasión. La asertividad permite hablar claro y directo, buscar la verdad es reconocer que nunca tienes la razón, sino solo tu parcelita de razón, y, por lo mismo, actúas con humildad y sin ego. Es clave escuchar con los ojos y el corazón, no solo con los oídos, es decir, darle importancia al lenguaje no verbal. Verificar antes de hablar evita cantidad de malentendidos porque así no haces falsas suposiciones.
Comprender es ponerte en el lugar del otro, entender sus vacíos y sus circunstancias. Ser compasivo es obrar con un amor, que no juzga y siente lo que el otro vive. En el budismo, la compasión es un eje de la vida y es otro nombre del amor que se apiada, trata con bondad y no juzga.
De esa virtud habló Buda y habla hoy el Dalai Lama. Una empresa es más rentable cuando invierte en mejorar el clima laboral.
Gonzalo Gallo González
Escritor - Conferencista
charleschaplin@oasisgonzalogallo.com
 
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