Después de la aguda crisis financiera del 2008, las aguas no se han asentado suficientemente y se han presentado nuevas realidades e intensas polémicas sobre las políticas más acertadas para evitar nuevos efectos nocivos sobre las economías de los diversos países.
De un lado, el crecimiento económico mundial viene descansando principalmente en los llamados países emergentes (43 por ciento del crecimiento mundia), y en este caso, no sólo en China, India y los países del sudeste asiático, sino también en el desarrollo de algunos latinoamericanos, y en naciones como Turquía. Pero la deuda de Estados desarrollados crece. Debe recordarse que sobre la base de la crisis internacional, no sólo estaba el deterioro de la cartera hipotecaria en EE. UU. y algunos países europeos, sino también el desbalance de flujos monetarios para financiar los déficit (y el elevado consumo de EE. UU.) por parte de China y Japón, y los flujos desde Alemania a otras naciones europeas más pequeñas. Estos desbalances requieren ajustes de mediano plazo.
Por otra parte, el crecimiento económico en EE. UU. es modesto y se debate trimestre tras trimestre sobre su sostenibilidad. Los países europeos, por su parte, tienen también un crecimiento modesto y algunos han presentado serias dificultades, como el caso de Grecia, España, Portugal e Irlanda.
Es importante recordar que tanto en EE. UU. como en Europa se aplicaron, simultáneamente, desde el 2008, políticas de reducción de tasa de interés por parte de los bancos centrales y de expansión fiscal de los gobiernos con el propósito de evitar una depresión mundial. Estados Unidos mantiene bajas tasas de interés y los beneficios fiscales a las familias están por expirar. Entre tanto, en Europa -con el liderazgo de Alemania, seguida de Gran Bretaña- se busca iniciar una fase severa de restricción fiscal con el fin de evitar una inflación exacerbada. En el caso de los países en crisis se aplica una restricción fiscal estricta con el fin de tranquilizar los mercados de capitales.
En el mundo de la discusión económica, Krugman argumenta que es inoportuno introducir severas restricciones fiscales, porque podrían generarse nuevamente condiciones que favorezcan una depresión, tal como ocurrió en la economía mundial en la década de los 30 del siglo pasado, y en Japón a finales de los 90. Mientras se presentan estos hechos, se debate internacionalmente la aprobación de una reforma financiera que evite fenómenos como los que se presentaron en el 2008, con iniciativa del Gobierno americano, del G-20 y de Basilea. La reciente reunión del Grupo de los 20 dificultó un consenso sobre las políticas y sobre la reforma financiera, lo que hizo aplazar algunas definiciones para una próxima reunión. En todo caso, la reforma financiera de EE. UU. sigue su avance.
El nuevo Gobierno colombiano que se inicia deberá impulsar las reformas económicas necesarias en un entorno internacional de bajo crecimiento, de restricciones de la demanda mundial por nuestros productos y de posibles flujos internacionales hacia países emergentes.
La noticia reciente de un crecimiento económico superior al 4 por ciento en el primer trimestre del año, en nuestro país, es muy estimulante, pero debe tener en cuenta que ha sido propiciada, en parte, por las bajas tasas de interés del Banco de la República. Será preciso que se adelanten las reformas necesarias para favorecer la continuidad del crecimiento y para seguir persiguiendo una calificación internacional de grado de inversión, que nos permita una posición más cómoda frente al mercado de capitales internacional.