No es reabrir por reabrir
Algunas condiciones para la reapertura de varios sectores de los ‘últimos en abrir’ no son sensibles a la necesidad de no perder más.
Ayer tanto el Gobierno Nacional como las alcaldías de Bogotá y Medellín anunciaron las nuevas reglas para el aislamiento de la población a partir del próximo 1 de septiembre para prevenir la propagación del coronavirus.
Más que analizar en este espacio estas nuevas restricciones, nacionales y locales, para la población y las actividades productivas, lo cierto es que estas vienen afortunadamente orientadas a flexibilizar las condiciones más estrictas de las cuarentenas, lo que la alcaldesa capitalina, Claudia López, ha llamado la “nueva realidad”, y el presidente, Iván Duque, “aislamiento selectivo”.
El mes de septiembre abre entonces una nueva oportunidad para varios sectores productivos, en distintos grados de apertura, para consolidar su reactivación. En especial aquellos cuyos modelos de negocios combinan tan alto contacto y tanta aglomeración que están condenados a ser los ‘últimos de abrir’.
Tras más de cinco meses de confinamiento, el proceso de reapertura gradual de la economía ha permitido a estas actividades tan golpeadas poder aprobar sus protocolos sanitarios con el Gobierno Nacional y aspirar a una reanudación de sus operaciones.
Compañías de transporte aéreo e intermunicipal, restaurantes y bares, cines, autocines y teatros, gimnasios y peluquerías constituyen algunos de estos sectores comerciales y de servicios que han estado prácticamente cerrados en estos cinco meses de cuarentenas.
Si bien el riesgo epidemiológico de estas actividades es considerado alto por las autoridades sanitarias, los avances logrados en términos de protocolos sanitarios y condiciones para la reapertura no son pocos.
De hecho, dentro de los anuncios del Distrito para Bogotá están los restaurantes, de jueves a domingo, que podrían operar con un cupo bajo techo de un 25 por ciento, y a cielo abierto.
A pesar de estos importantes pasos, por ejemplo en el sector del comercio al detal, algunas de las condiciones para la reapertura de estos sectores ‘últimos en abrir están en tensión con su modelo de negocios. En otras palabras, no les permite operar con algún margen de ingresos.
Son varios los ejemplos. En el caso de los bares no estará permitido la venta de bebidas alcohólicas. Más allá de los chistes, el negocio de estos establecimientos depende del licor.
Los restaurantes también necesitan llevar al máximo su aforo posible para que valga la pena reactivar toda la operación. Para los cines, la combinación de un aforo reducido a las funciones con la prohibición de la venta de alimentos y bebidas reduce drásticamente la capacidad de generación de ingresos de la sala a un 10 por ciento.
A los vuelos comerciales, medidas como la de seguimiento a la salud de cada pasajero o la prueba de covid a los viajeros a San Andrés imponen un costo adicional a una operación ya muy marginal en términos financieros.
La reactivación de las actividades económicas se construye y avanza desde estas realidades de las empresas. Ni los anuncios políticos ni los gráficos que hablan de una economía operando al 90 por ciento recogen lo que experimentan miles y miles de negocios, buscando desesperadamente la posibilidad de volver a generar ni siquiera utilidades, sino solo ingresos.
No se trata de ignorar las restricciones sanitarias tan estrictas que estos sectores están obligados a implementar. Abrir sin las medidas de higiene, limpieza y distanciamiento social no solo es irresponsable y peligroso, sino también un pésimo negocio.
Pero tampoco se trata de reabrir por reabrir, de reanudar operaciones, con salarios, trabajadores, proveedores y clientes, para que las pérdidas sean mayores y más descorazonadoras que si las puertas siguen cerradas.
Ponte al dia.