El rey se aleja de su reino
La paradoja habla por sí sola: quien construyó su reino alrededor de los bonos ahora recomienda alejarse.
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“No compre bonos”. Esa fue la reciente recomendación de Bill Gross, conocido como el “rey de los bonos” por revolucionar este mercado y construir allí su fortuna como cofundador de PIMCO, hoy el principal tenedor extranjero de deuda colombiana.
La paradoja habla por sí sola: quien construyó su reino alrededor de los bonos ahora recomienda alejarse. Razones no faltan. La tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a diez años llegó a 5,34%, máximo desde 2002.
En Francia está en máximos desde 2002, en Reino Unido desde 1999 y en Japón desde 1996. La era del dinero casi gratis terminó. Los gobiernos gastaron, acumularon deuda y ahora enfrentan una factura de intereses.
Se suman la inflación persistente e incertidumbre geopolítica. Ante tantos riesgos, los inversionistas cobran más por prestar a largo plazo. Y es en ese mercado donde Colombia tendrá que buscar más recursos que nunca. El sinceramiento del presupuesto mostró la magnitud del reto.
En 2027, sin ajuste, las necesidades locales superarían $150 billones y las externas rondarían US$26 mil millones, ambos máximos históricos. Las externas podrían ser las mayores de la región, a la altura de un gigante como México. Con el ajuste, podrían reducirse hasta US$18 mil millones. Aun así, serían cifras astronómicas. El problema no es solo conseguir la plata. Es a qué precio.
Buscar montos récord, con tasas internacionales en máximos de décadas y una prima de riesgo soberano bajo presión, plantea una aritmética complicada: más intereses, más déficit, más deuda y, nuevamente, más intereses. Y así sucesivamente. Una bola de nieve que también crece con interés compuesto. Por eso, la conversación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), más que opcional, era necesaria. Hay un menú de opciones. Recuperar una Línea de Crédito Flexible (FCL) luce imposible.
La Línea de Precaución y Liquidez abre otra puerta, aunque exige condiciones y riesgos acotados. Para crisis de balanza de pagos está el Servicio Ampliado (EFF), como en 1999, con ajustes más exigentes. Otros instrumentos atienden necesidades de corto plazo.
La cuota de Colombia en el FMI equivale a unos US$2.800 millones. Dependiendo del programa, el acceso podría alcanzar hasta seis veces ese monto, unos US$17.000 millones. Desembolsos por US$5 mil millones aliviarían las inmensas necesidades de 2027, podrían reducir el costo de financiamiento (en cerca de 300 puntos básicos) y atraer recursos de otros multilaterales.
El resto tendrá que conseguirse en el mercado. Y ahí está la paradoja: Colombia necesita vender más deuda externa que nunca justo cuando el rey de los bonos, fundador de la firma extranjera que más deuda colombiana posee, recomienda comprar menos. Conviene escucharlo. Ningún crédito reemplaza el ajuste fiscal. Y si hasta el rey desconfía de su antiguo reino, lo mejor será depender cada vez menos de él.
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