‘Lombard Street’

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Acaba de publicarse en nuestra lengua –y en Colombia– Lombard Street, de Walter Bagehot. Extraordinarios la obra y su autor. Bagehot fue un intelectual brillante que participó en los debates relevantes de su época. Por varios años fue editor principal de The Economist, revista que desde su fundación en 1843 ocupa un lugar de liderazgo en el análisis de la política, la economía y las relaciones internacionales, entre otros temas, los cuales aborda desde una perspectiva liberal.
El mérito principal de la obra de Bagehot, que vio la luz pública en 1873, consiste en que fue la primera y más aguda observación del sistema financiero británico, el cual, a partir de su consolidación a mediados del siglo XIX, en lo esencial conserva plena vigencia. Mientras la banca tradicional, que floreció en Holanda e Italia en el Renacimiento, se basaba en que los banqueros prestaban su propio dinero, la banca inglesa comenzó a recibir depósitos del público, y a utilizarlos para fondear la cartera de crédito. La ‘gracia’ de la intermediación financiera consiste, pues, en que las obligaciones de corto plazo que los banqueros asumen frente a los ahorradores exceden, en varios múltiplos, las sumas que en ese mismo horizonte temporal pueden recaudar de sus prestatarios.
Así las cosas, las ‘reservas’ de los bancos –la proporción líquida de sus activos con las que soportan los retiros de depósitos y los gastos de operación– son una fracción reducida del pasivo exigible a la vista o a plazos breves. No obstante, como lo describió Bagehot antes que nadie, esa reserva suele ser suficiente por dos razones: porque, de ordinario, los acreedores de los bancos no acuden, de manera simultánea, a redimir sus depósitos, y porque el Banco de Inglaterra, que también tiene su propia reserva, actúa como ‘prestamista de última instancia’, si alguno de los bancos del sistema afronta dificultades de liquidez.
Importante también que nuestro autor hubiese demostrado que el uso del crédito para apalancar las actividades empresariales aumenta el rendimiento de los capitales invertidos. Hoy, esa es una verdad indisputable: los países que tienen sistemas financieros más profundos, son, al mismo tiempo, los que registran un ingreso per cápita mayor.
Pese a lo anterior, incluso gente ilustrada sigue creyendo en el viejo estigma del cristianismo medioeval: “el dinero es el estiércol del demonio”. Ello se nota en ese cierto populismo light de nuestros gobernantes, que cada tanto encuentran rentable pedirles a los bancos que bajen los intereses de los préstamos (pero, por supuesto, no de los depósitos); esta es una manera sutil de restarle legitimidad política al sistema financiero. Si fueran serios, demandarían que quienes venden leche y huevos también bajen los precios. O intervendrían las tasas de interés si en verdad creyeran que la banca es un cartel.
La pobre comprensión del sistema financiero igualmente se advierte en las políticas de errático intervencionismo que pronto llevarán a Venezuela y Argentina a crisis insondables. ¡No advierten que Cuba viene de regreso!
La traducción del profesor Juan Gabriel Gómez-Albarello se destaca por su calidad idiomática –ojalá todos los traductores entendieran que las semejanzas literales de palabras en distintas lenguas no siempre reflejan equivalencias de significado– y por el muy rico acervo de notas que mucho ayuda a que el lector comprenda el contexto en el que Lombard Street fue escrito.
Jorge H. Botero
Presidente de Fasecolda
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