Decidí contarlo
‘Decidí Contarlo’ es un libro bien elaborado... un libro de sabiduría económica y sabiduría de vida. Tiene ritmo”.
En ocasiones la vida parece seguir órdenes de una mano invisible. Guillermo Perry lanzó el libro con sus memorias, y al mes siguiente nos dejó. Decidí contarlo es un libro de historia económica contemporánea contada por un protagonista, y también la memoria de una vida, en donde aparecen más de cien personajes. Es también una oda a la tecnocracia colombiana, “a veces muy ingenuos y [EQUIVOCADOS]en las exigencias políticas”.
Estudió ingeniería eléctrica “aunque sabía que no la ejercería ni un solo día”, y más tarde hizo un doctorado en “matemáticas aplicadas”, porque “me seducía”. Quería formar su cabeza. La economía fue su Tao, y en su libro la escribe con E.
“Nunca pensé de joven, ni durante el comienzo de mi carrera profesional, que acabaría siendo ministro, senador y constituyente”, escribió. Su esposa le decía que “ejercer a plenitud la pasión por lo público, requería untarse un poco más de política”. Esa tarea la hizo con Ernesto Samper, como ideólogo de ese movimiento, y el final fue de tragedia: “Estuve leyendo el informe del fiscal, y ahora no me cabe duda de que a la campaña entró plata grande del narcotráfico. Si usted [NO RENUNCIA], yo me retiro, porque no voy a ser cómplice del daño que le hará al país. Perdóneme que se lo diga así de claro”, le espetó a Samper. Tenía convicciones y pantalones.
López Michelsen lo lanzó al estrellato. Le encomendó hacer una reforma tributaria que puso a tributar a los ricos, y como el ministro “decidió no salir a defender la reforma, ni en los medios ni ante los gremios, y esa tarea me tocó a mí, un joven de apenas treinta años”. El “chino Perry”, que llegaba a Palacio de “buzo, con el pelo largo y con botas”, se volvió célebre y confiesa que “seguramente ahí se me acabó del todo lo poco que tenía de modestia”.
“Ojalá aprendamos esta lección para el futuro”, es el epitafio del relato sobre la manera como se dilapidó la bonanza petrolera. “Uribe y Santos, fueron culpables del desperdicio de los recursos petroleros. Uribe “atomizó ineficientemente las inversiones”, repartió “mermelada en grandes dosis”, hizo una feria tributaria con exenciones “estúpidas”, y “desbarató el Fondo de Estabilización Petrolero”. Santos modificó las reglas de juego para que su gobierno no tuviera que ahorrar.
Sabía leer muy bien a las personas: Pastrana hijo “es una persona sorprendentemente superficial, poco estructurada y disciplinada”, es “lo que llaman las señoras bogotanas un hijo de papi”; Gaviria es “una persona contradictoria y complicada, que guarda rencores por mucho tiempo, reformador decidido, y con quien siempre tuve una relación difícil”; Uribe tiene una “libido política superlativa, muy cercana a la satiriasis, y traspasó límites morales graves, porque el escándalo de la parapolítica no es muy diferente al proceso 8.000”. Conoció a Santos de 25 años y le pareció “un joven inteligente y audaz, pero muy presuntuoso”, pues quería ser ministro a esa edad; “su vanidad prima sobre su razón”. Decidí Contarlo es un libro bien elaborado, es un diálogo con la periodista Isa López, en donde las respuestas son monólogos de Guillermo, con diálogos dentro de los monólogos, y con reflexiones económicas salpicadas de muchas anécdotas. Es un libro de sabiduría económica y sabiduría de vida. Tiene ritmo.
Diego Prieto Uribe
Experto en Comercio Exterior
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