Entonces, ¿qué hacemos con los trabajadores?
Desde que Colombia firmó tratados de libre comercio con varios países, hemos esperado, en vano, que la balanza comercial muestren cifras positivas.
Desde que Colombia firmó tratados de libre comercio con varios países, hemos esperado, en vano, que la balanza comercial con esos países muestren cifras positivas para nuestro lado, pero en la mayoría estas son altamente desfavorables, siendo el existente con Estados Unidos el que muestra números más negativos para Colombia, esto sin incluir los productos de diferente índole que ingresan bajo el llamado Contrabando Técnico, consistente en importar legalmente una cierta cantidad del producto, pero traer una mayor cantidad, contando con la colaboración de funcionarios inescrupulosos en algunas de las aduanas del país.
En el caso de los textiles, diferentes analistas estiman que el 35 por ciento del mercado nacional se surte del contrabando, causando la pérdida de más de 600.000 empleos en ese sector, generando a la vez resultados operacionales negativos a la mayoría de las empresas textileras comprometiendo su sostenibilidad financiera.
Como reza el dicho, ‘si en el sector industrial llueve, en el agropecuario no escampa’, pues a los ingenios azucareros y al propio Ecopetrol, cuyo mayor accionista es el Estado, distintos gobiernos los instaron a montar costosas plantas para producir etanol a base de la caña de azúcar para ser mezclado con los combustibles para vehículos, pero de la noche a la mañana permitieron la entrada de ese producto elaborado en EE. UU. y Brasil a base de maíz.
En el caso de los productos lácteos la situación es aún peor, pues las importaciones de leche en polvo y sus derivados les ha representado a los propietarios de hatos lecheros una drástica reducción de los márgenes de utilidad, como lo demostró recientemente el informativo Panorama Diario Digital, citando que en el 2009 por cada tonelada de lácteos importada se exportaban cuatro, mientras que entre el 2010 y el 2017 por cada tonelada exportada se importaban 7,3, calculándose que en el 2018 entraron al país cerca de 60.000 toneladas de productos lácteos, siendo EE. UU. y la Unión Europea los mayores proveedores. Cabe anotar que después de copar las importaciones autorizadas sin arancel y dependiendo de las condiciones del mercado, es posible continuar importando lácteos pagando los impuestos respectivos, aunque algunos avivatos logran hacerlo sin cumplir con ese requisito.
Cada año, el gobierno determina un incremento al precio de la leche cercano a la inflación, pero eso en realidad no se refleja en el precio que recibe el productor, pues muchas pasteurizadoras disminuyen a discreción la llamada bonificación voluntaria. En contraste, en el 2018, las alzas de los alimentos concentrados fueron de aproximadamente 9 por ciento, los salarios y los medicamentos de uso veterinario 6 por ciento, y los fertilizantes cerca del 30 por ciento, rubros que representan cerca del 85 por ciento del costo de producción de un hato lechero. En un reciente artículo, publicado en este diaro, el exviceministro de Agricultura Luis Arango Nieto explicaba las razones para la crisis que esa situación ha generado para los productores de leche y de carne bovina.
Como en EE. UU. y en Europa los productores, tanto de lácteos como etanol reciben importantes subsidios de sus respectivos gobiernos, ello se constituye en una verdadera pelea teniendo uno de los contrincantes una mano amarrada. Por ello me pregunto, entonces, ¿qué hacemos con los trabajadores?
Ernesto de Lima L.
Presidente de la Organización De Lima
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