Polarización con dialéctica

Debemos despersonalizar los debates, dejando los ataques individuales y privilegiando las ideas más allá de sus interlocutores. 

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Las discusiones en Colombia se han radicalizado creando situaciones que son destructivas para nuestro tejido social. La exageración, los sofismas, la intolerancia y la histeria de las redes han hecho que no exista verdadero diálogo y que seamos incapaces de escuchar al otro. La contradicción se convierte fácilmente en enfrentamiento con agresiones que busca la eliminación moral y a veces física del oponente.
Un ejemplo notable es el que presenciamos con el proceso de paz con las Farc donde la discusión se ha presentado como entre los amigos y los enemigos de la paz. Después del triunfo del No en el plebiscito, el gobierno anterior nunca pudo articular una propuesta de acuerdo que incorporara las preocupaciones de los que votaron en contra.
Por otro lado, algunos otros sectores todavía desconoce esa otra mitad que acepta lo grueso de lo acordado en la Habana. ¿Qué hacer para superar las diferencias en los grandes temas nacionales? ¿Cómo enfrentar la radicalización, a propósito de las próximas elecciones de octubre?
A diferencia de otros análisis y opiniones, no creo que la polarización sea del todo negativa. Los diversos puntos de vista y la contradicción de ideas ayudan al avance de un país. Los pesos y contrapesos son fundamentales para la buena marcha de la sociedad. Probablemente sin el contrapeso de la oposición durante la negociación del acuerdo, su resultado hubiera sido menos aceptable para muchos sectores de opinión.
Sin embargo, las opiniones tienen que ser lo suficientemente constructivas para buscar acuerdos que nos permitan avanzar. En cualquier proceso dialéctico, la oposición de dos tesis contrarias debe llevar a una síntesis, aunque sea parcial. De lo contrario, la sociedad se paraliza en perjuicio de los ciudadanos.
Patriotas y realistas, bolivarianos y santanderistas, conservadores y liberales, capitalistas y socialistas, pro acuerdo de paz y sus oponentes, se han enfrentando durante siglos de vida republicana donde la contradicción pareciera ser el fin último.
Pero el problema no ha sido tanto esta polarización, sino las malas formas, la disputa personalizada y paralizante, así como la valoración de la opinión contraria con el limitado lente de la ideología. La oposición es necesaria, pero debe canalizarse, para no ser destructiva y para lograr debates guiados por las razones y no por las emociones. En estos procesos de interacción, el conocimiento y el lenguaje deben ser protagonistas por su buen uso.
También debemos despersonalizar las discusiones, dejando a un lado los ataques individuales y privilegiando las ideas por encima de sus interlocutores. Escribía el cubano Leonardo Padura: “Nomina odiosa sunt. Importa el sueño, no el hombre, y menos aún el nombre. Nadie es importante, todos somos imprescindibles”.
Le corresponde al presidente Iván Duque llevarnos un paso más adelante y canalizar constructivamente las energías que hoy nos dividen. Duque tiene el talante y el carácter para hacerlo. Además, la brújula del centro político que le permitió ganar las elecciones debe servirle para gobernar bien. Solo eso nos permitirá concentrarnos en los grandes temas nacionales, como la lucha contra la delincuencia organizada (incluyendo las disidencias de las Farc); el narcotráfico en todas sus dimensiones; el crecimiento de la economía con el impulso de la iniciativa empresarial; y la lucha contra las desigualdades y la corrupción.
La polarización seguirá -y así debe ser-, pero si no se canaliza bien, será destructiva. Por ahora seguimos siendo una nación en construcción a pesar de la ausencia de dialéctica en nuestro devenir político.
Orlando Cabrales Segovia
Presidente de Naturgas

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