La educación: ¿para qué?

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Está de moda en varios países poner en duda el valor de la educación, a pesar de que sobra evidencia que muestra lo contrario. Al parecer, la razón por la cual se pone en duda si vale la pena invertir en educación, sobre todo a nivel superior, es porque en varios países un grado universitario ha dejado de ser la llave que le abre la puerta a un buen empleo y a un futuro con seguridad económica. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha llegado a una situación en la que cada vez más gente termina su educación universitaria básica, y por ese motivo culminar esa etapa está dejando de ser un distintivo que mejora la probabilidad de obtener un buen empleo. A medida que todo el mundo obtiene un título universitario, este deja de ser una razón para decidir si se contrata a alguien.
Lo que cada vez pesa más como criterio para seleccionar nuevos trabajadores es la universidad de donde provienen. Incluso hay algunos casos en los que solo haber sido admitido a una de las universidades más prestigiosas tiene más valor para el empleador que haberse graduado de otra menos destacada. Esto induce a los mejores estudiantes a inscribirse en las más famosas, y se entra en un círculo virtuoso en el que la institución atrae a los más capaces, lo que contribuye, a su vez, a que la universidad se destaque cada vez más. También se crea un problema de identificación, porque no se sabe si la universidad es buena por lo que ofrece o porque selecciona a los mejores estudiantes, que generalmente son los que provienen de ambientes familiares y educativos que los preparan mejor.
Estas instituciones están por fuera del presupuesto de la mayoría de las familias, lo que también contribuye a hacerlas más selectivas. En el mercado se crea, entonces, un doble sesgo que favorece a los hijos e hijas de familias de altos ingresos, que después llegan a los puestos bien pagados y estables. Todo ello tiene repercusiones negativas sobre la igualdad de oportunidades, y es una de las razones por las cuales hay mucha polémica en EE. UU. sobre el papel de la educación superior; lo que pasa en Europa, donde la educación pública tiene mayor cobertura y la privada es financiada por el Estado.
En Colombia, estamos lejos de alcanzar las coberturas que inducirían preocupación sobre la incapacidad de la educación superior de generar una bonificación salarial y mayor seguridad laboral. Pero el problema de equidad es aún más agudo. Las universidades más prestigiosas les generan rentas cuantiosas a la mayoría de sus estudiantes, pero las privadas, de menor calidad, pueden estarles ocasionando pérdidas a los suyos, que no se compensan con lo poco que ganan en ‘capital humano’. Lo que debería estar pidiendo la guerrilla en La Habana es mejor y mayor acceso al conocimiento, y un sistema educativo más equitativo y de mejor calidad.
La educación no es solo para que la gente consiga empleo o ascienda socialmente. Si es de buena calidad enaltece al que la recibe, lo enriquece internamente y le confiere autonomía. Una sociedad en la que la mayoría de la gente obtiene un grado universitario tiene que destacarse en las artes, en las ciencias, posee colectivamente mayores conocimientos y es más incluyente. También puede ser mucho más productiva.
Rudolf Hommes R.
Exministro de Hacienda
rhommesr@hotmail.com
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