Siguen los ecos del dato del PIB del segundo trimestre de este año, publicado por el Dane el pasado viernes: una contracción histórica de 15,7 por ciento. Es decir, la economía colombiana retrocedió a los niveles de inicios de 2013.
Conocida la magnitud del este golpe trimestral de la pandemia del coronavirus a la actividad económica, no se debe perder de vista el doble objetivo de minimizar las muertes por covid y recuperar la senda positiva de la economía.
Ya en la mitad del tercer trimestre del año, las estrategias de reactivación económica y de manejo de la pandemia están sobre la mesa.
El desafío nacional -del Estado, las empresas y los hogares- es cómo superar el nivel más alto de la enfermedad mientras se sostienen las actividades productivas. En otras palabras, tras esta caída, ¿qué sigue?
El problema es que Colombia atraviesa los momentos más difíciles de la lucha contra el coronavirus: los casos se acercan al medio millón y los fallecidos superaron los 15.000. A pesar de algunas estimaciones oficiales, no es claro para los colombianos el momento en que el pico máximo de contagios llegará.
La reactivación económica del país no será sostenible hasta la estabilización, y posterior declive, de la situación sanitaria de la covid-19. Es precisamente el deterioro de los indicadores de salud los que se usan para justificar la cuarentena que hoy viven siete localidades de Bogotá.
Sin el triunfalismo, en el que alcanzó a caer el Gobierno Nacional hace unas semanas, ni el catastrofismo de muchos opositores, que le impide reconocer los logros de la estrategia gubernamental, del éxito de las medidas sanitarias depende la reapertura estable.
Un segundo aspecto para este segundo semestre es la continuación tanto del plan de reactivación económica como el proceso de reapertura gradual de los sectores aún restringidos.
Los paquetes del llamado “Compromiso por Colombia” necesitan mayor aceleración en varios frentes, incluido el de las iniciativas legislativas. Con un inmensa mayoría de recursos de origen privado, el papel del Ejecutivo debería concentrarse en generar las condiciones para el avance de esas inversiones.
No obstante, la recuperación requiere medidas de corto plazo que acompañen la extensión del programa de Ingreso Solidario. Medidas, por ejemplo, que impulsen la reapertura, gradual y con bioseguridad, de sectores aún cerrados.
Un tercer elemento, que va de la mano del despliegue de los planes de reactivación, son los esfuerzos continuados para la protección de las empresas y los empleos. Entendiendo las limitaciones presupuestales, el proyecto de ley que amplía el programa de subsidios a las nóminas debe aprobarse con urgencia.
Siendo el empleo una de las secuelas sociales más graves del coronavirus, son insuficientes los anuncios del Gobierno Nacional sobre proyectos de ley y políticas de informalidad. Se necesitan medidas más ambiciosas y mejor focalizadas para proteger los empleos de las mipymes.
En cuarto lugar, no se puede olvidar la “otra” recuperación. Esto es, la reactivación de la economía debe impulsarse con políticas con un sesgo a favor de los más pobres y las poblaciones más vulnerables como mujeres, jóvenes, informales. Recuperar la senda positiva de crecimiento sin equidad constituirá no sólo una oportunidad perdida sin también un error garrafal.
Un quinto punto son las reformas que el Gobierno Nacional podría impulsar en un momento como el que atravesamos. Por ejemplo, la modernización de las normas laborales.
Por último, el Gobierno Nacional enfrenta no solo el reto de unir a la sociedad para derrotar al virus, sino también de comunicar exitosamente qué, cómo, dónde y con quién se hará la recuperación.