Es una buena noticia que el Gobierno Nacional esté alistando un decreto para abrirle la puerta a las APP en el sector de las TIC, y no me refiero a las populares aplicaciones que tenemos en nuestros teléfonos inteligentes, sino a las asociaciones público-privadas. Este esquema, que ha resultado crucial en el sector de infraestructura, puede ser decisivo para consolidar las autopistas digitales requeridas para llevar al país hacia la cuarta revolución industrial.
Las APP son una alternativa para impulsar las inversiones e infraestructura requeridas para explotar el potencial de esta nueva revolución industrial, permitiendo el desarrollo de megaproyectos para la financiación de obras de gran impacto público, que generan empleo y desarrollo regional, y apalanquen la economía sin que el Estado distraiga recursos. En telecomunicaciones, con expectativas de retornos decrecientes sobre inversiones y mercados inciertos, resulta fundamental una respuesta decidida y coordinada por parte de Gobierno y empresas para maximizar el potencial esfuerzo inversor. Es importante aprender de los beneficios que ha dejado en otros campos. Para el 2018 había más de 600 iniciativas de este tipo en Colombia. Para el sector de las TIC, la clave es que la llegada de las APP se materialice mediante proyectos que nazcan con una vocación de largo plazo, sin contemplar límites en la utilización de recursos ni circunscribirse a áreas de acción específica.
En las telecomunicaciones ya existe un esquema de autorización expedito y sin restricciones, denominado de ‘habilitación general’, que si se articula con las APP, permitiría la entrada de un número mayor de operadores de proyectos TIC y facilitaría la utilización de fondos públicos y privados combinados para construir autopistas digitales.
Así mismo, sería un error restringir las APP a una sola línea de acción. Si bien los temas de derechos de propiedad intelectual y economía de datos son prioritarios y deben constituir uno de los ejes de actuación, es necesario que pueda abrirse a otros proyectos en distintas esferas de beneficio social, como edificios digitales, servicios como notarías y juzgados en línea, infraestructura de conectividad.
El mismo dinamismo del sector y el ritmo exponencial con que avanza la tecnología, ponen de relieve la necesidad de que los proyectos sean de largo plazo. De esta manera, se podrá garantizar la renovación tecnológica generando mayor beneficio a los usuarios. En 10 años, la penetración de la conectividad se reflejará en autos, hogares y trabajos con la expansión del llamado internet de las cosas, lo que exige capacidades mucho mayores.
Desde que se fijó su marco jurídico con la Ley 1508 de 2012, Colombia ha avanzado un gran trecho con el modelo de contrataciones por APP, y ha sido reconocido internacionalmente como el tercero más competitivo en su implementación, solo después del Reino Unido y Australia, según el Banco Mundial.
Este panorama de experiencias proporciona suficientes razones para ser optimista acerca de sus posibilidades para las TIC. Es en el momento preciso para ponernos a tono con la cuarta revolución industrial, para lo cual será esencial poner en práctica los aprendizajes del camino recorrido y construir sobre las bases de lo que se ha logrado. Las APP podrían ser la llave que nos abra la puerta de una conectividad y desarrollo tecnológico que se requiere en las próximas décadas.
Andrea Muñoz
Gerente de Asomóvi