Llega un nuevo periodo de precios bajos del café y se reactiva, como en cada ciclo, la necesidad de encontrar culpables a la insatisfacción y desesperación que este entorno de cotizaciones bajas genera. Uno de los nuevos causantes de esta situación en este ciclo es el mercado. Sería más preciso responsabilizar a la gobernanza de la cadena de valor, es decir, a la estructura de producción y comercialización que afecta la capacidad de negociación de los diferentes actores y el valor que se reconoce a sus aportes en el producto final.
En el caso del café, y de muchos otros productos agrícolas o mineros, la gobernanza es tradicionalmente dominada por los actores más poderosos que compran mayores volúmenes en la industria, y la estructura de determinación de los precios de transacción es transferida a los países productores por importadores y exportadores que actúan como correas de transmisión a esa lógica de mercado. La literatura especializada sobre este tema describe otros tipos de gobernanza diferentes a la de mercado, que también son vigentes en algunas cadenas cafeteras para ciertos segmentos de la industria, llamadas gobernanzas relacionales en ciertos casos o jerárquicas en otros. Algunas de ellas dan la oportunidad a los productores de valorizar no solo su producto sino sus contenidos e intangibles como argumento de venta al consumidor final.
Valdría la pena que el debate sobre el rol del mercado fuese también respecto de la gobernanza de la cadena y sobre cuál es el relacionamiento que asegura la sostenibilidad de largo plazo de productores, comercializadores, procesadores y distribuidores a través de la valorización de los diferentes aportes que hacen los productores a la industria. Esperemos que el anunciado documento de Jeffrey Sachs para tratar los retos de la industria, que se ha tardado cerca de dos años, trate también estos temas.
Un elemento de análisis son los casos de productores exitosos que, sin asumir los riesgos de tostar, empacar y distribuir a los mercados internacionales, han logrado modelos de generación y apropiación de valor exitosos. Es precisamente en estos segmentos donde los intangibles y la propiedad intelectual en origen juegan un valor fundamental. Sin duda, es necesario escalar estos casos individuales mediante herramientas que permitan la diferenciación colectiva, lo que requiere definir segmentos y políticas claras para apalancar –y no destruir– la reputación del café colombiano y el de sus regiones. El incremento en la importación, y seguramente en la reexportación de otros orígenes como café colombiano, es sin duda uno de los retos actuales más apremiantes en este sentido.
Otro tipo de críticos encuentran en la Federación de Cafeteros su culpable favorito. Algunos economistas, sobre todo aquellos que estudiaron (estudiamos) en los años ochenta y noventa, la época de Reagan y luego de la caída del muro de Berlín cuando se glorificaba a los mercados, suponen que la presencia de la Federación, sobre todo en el ámbito comercial, es en sí misma un obstáculo al libre comercio. Poco importa que buena parte de la literatura económica moderna y muchos de los premios nobel recientes hayan basado sus trabajos en demostrar la existencia de mercados imperfectos donde es necesaria otra óptica de análisis que tenga en cuenta diversas situaciones que afectan a los participantes de un mercado, y cómo en muchos de esos casos estas imperfecciones pueden llevar a escenarios altamente inequitativos. Vale la pena preguntarse: ¿existen otros productos agrícolas, o de pequeños mineros, que reflejen en su precio local todos los días, en cada uno de los municipios donde se producen, la evolución del precio internacional o referente respectivo y de la tasa de cambio? ¿Son los sistemas de determinación de precios en los municipios alejados de la Colombia rural mercados transparentes, o, por el contrario, incrementan los costos de transacción para los productores? En el caso del café, se puede afirmar que los productores, en su gran mayoría propietarios de parcelas cafeteras de menos de cinco hectáreas, disfrutan de menores costos de transacción que la gran mayoría de sus colegas del sector agropecuario, gracias a la política de garantía de compra con precios referentes de mercado que diseñó e implementa la Federación.
Otros alegan que precisamente esta política está diseñada para transferir valor a los ‘burócratas’ de la Federación. Suponiendo que fuese cierto este argumento, la Federación, desde hace muchísimos años, no compraría café en el mercado doméstico, pues estaría comerciando a un precio de compra artificialmente bajo, ofreciéndoles así el mercado a los demás exportadores del grano. Ese sería un claro beneficio de la competencia en el mercado doméstico. Algo bueno tendrán que estar haciendo los burócratas para que la Federación siga comprando y vendiendo café verde y liofilizado con transferencia de precio eficiente. Para transparencia con el lector, el autor es un exempleado de la Federación que, como muchos actuales y anteriores, trabajé siempre con el propósito de agregar valor a los productores.
A la Federación también se le acusa de falta de visión empresarial, de ser un obstáculo a la productividad y de captura de rentas que le pertenecen a los productores. Estos temas los desarrollaré en la siguiente entrega de este artículo (parte II).
Luis F. Samper
Director de 4.0 Brands