El 28 de abril habrá elecciones generales en España. Las encuestas no dan claridad sobre como se formará el próximo gobierno, y lo más probable es que la volatilidad y la incertidumbre se mantengan. Dicho esto, hay pocas dudas de que el Partido Socialista (Psoe), liderado por el actual presidente de gobierno, Pedro Sánchez, se consolide como la fuerza política más importante. Pero solo podrá gobernar en una coalición. Sánchez llegó al poder después una moción de censura contra Mariano Rajoy el Partido Popular (PP). Algo que se considero un movimiento políticamente viable, pero éticamente poco aceptable.
Una vez en el poder, la expectativa era que llamaría a elecciones poco después. El ‘guapo’, como lo llaman a por su apariencia física, se rehusó. Finalmente, tuvo que hacerlo, dado que no fueron aprobados los presupuestos presentados. Y ahora, su situación no parece más clara. Si bien será la primera fuerza electoral, necesitará de apoyos para gobernar.
Ahí se presenta el dilema. Por un lado, su aliado potencial sería el movimiento Podemos, que reúne a segmentos de izquierda. Pero este grupo está desacreditado por la precaria gestión en el poder en municipios y provincias, y el apoyo incondicional al régimen venezolano. Y su líder, Pablo Izquierdo, tiene un problema moral, al haber comprado un chalet de 600.000 euros cuando su discurso público habla del desempleo y pobreza marginal.
Los otros partidos que ayudarían a Sánchez a mantener el poder son los nacionalistas vascos y catalanes. Esto conllevaría, de nuevo, a complicadas discusiones de presupuesto, dadas las demandas de esas regiones con pretensiones de mayor autonomía.
Pero si la izquierda no lo tiene claro, la derecha tampoco. El PP, liderado por Pablo Casado, sigue siendo visto como un partido con problemas de corrupción e identidad. Su aliado potencial, el movimiento Ciudadanos, con visión liberal y de economía de mercado, con un líder que se ha impuesto en los debates electorales, Albert Rivera, aportará escaños importantes, pero no suficientes para tener la mayoría. Se requeriría, potencialmente, del nuevo partido Vox, de extrema derecha liderado por un burócrata, Santiago Abascal, que ha ganado terreno con el discurso nacionalista, antiinmigratorio y racista, que tanto espacio se ha abierto en el mundo recientemente.
Los cinco líderes que estarían formando, de alguna manera, el nuevo gobierno, son jóvenes, carismáticos y representan la nueva generación de políticos. En ese sentido, son similares. Pero ahí termina lo que los une: temas religiosos como el aborto o el matrimonio entre parejas del mismos género, la política económica y laboral, o la visión frente a la inmigración marca diferencias sustanciales. Pero tal vez lo que más distancia a unos de otros, es la posición frente a los movimientos independentistas. El Psoe y Podemos ven un espacio para hablar de mayor autonomía y reconocimiento, particularmente en el caso de Cataluña. Los partidos de derecha rechazan esa visión de un país más fragmentado.
Las elecciones en España parecen indicar una tendencia generalizada en Europa de que el centro se viene debilitando y requiere de los partidos más extremistas para gobernar. Esto crea un ambiente de zozobra en medio de las discusiones más relevantes de cara a los retos del siglo XXI. Todo parece indicar que España después del 28 de abril será gobernada a través de pactos que no generarán mayor confianza y estabilidad a mediano plazo.
Rafael Herz
Vicepresidente, ACP
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