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El que silba se salva

El silbido se emplea en muchas partes del mundo como una forma de comunicarse, de manera más frecuente, para transmitir ideas simples.

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¡Libia Peña es más buena que el pan! Nació en San Francisco del Líbano de Gualmatán, un municipio ubicado al sur en el departamento de Nariño, a 23 kilómetros de Ipiales. Libia se fue para Bogotá cuando era pequeña y se empleó en varias casas de familia. En la última de ellas tuvo suerte: duró más de veinticinco años y se convirtió en parte de la vida misma de sus moradores. Vio crecer y cuidó hijos, nietos y bisnietos.
Se convirtió en una persona realmente cercana, por la dedicación con que realizaba su tarea, por su buen trato, por la generosidad con las personas que cuidaba. Pero también por su forma de silbar mientras trabajaba, con un sonido suave y rítmico, en el que se entrelazaban el viento de sus soplidos y las tonalidades de sus canciones. Oírla al pasar mientras hacía su oficio era un deleite. Su silbido era como una campana que avisaba la presencia de un alma alegre y espontánea.
Siempre me han producido fascinación aquellas personas que silban cuando trabajan o van por ahí tarareando canciones. El silbido se emplea en muchas partes del mundo como una forma de comunicarse, de manera más frecuente, para transmitir ideas simples. Es muy usado para reprobar una jugada en el deporte, para llamar un perro o parar un taxi. Antes era asociado con la clase baja, con trabajadores manuales, esclavos o piratas. Por años fue inadmisible que alguien de “clase alta” silbara, y mucho menos si era una mujer.
También existen lenguajes silbados como el que usan en las islas Canarias. Allá lo llaman el silbo gomero y se utiliza para comunicarse entre barrancos. El silbo fue creado por los primeros habitantes, aborígenes canarios, y en el siglo XVI, tras la conquista de las islas, los últimos guanches lo adaptaron al idioma castellano. Poco a poco la lengua original, el guanche, se fue extinguiendo.
Debido al peligro de desaparición del silbo, a principios del siglo XXI el Gobierno canario reguló su aprendizaje en las escuelas. Actualmente, este lenguaje emplea seis sonidos, dos de ellos denominados vocales y los otros cuatro consonantes, y se pueden expresar más de 4.000 conceptos o palabras.
El silbido, por supuesto, tiene una relación muy íntima con la música. Tantas canciones que lo incorporan en sus melodías, como la de Bobby Mcferrin, Don’t Worry Be Happy. Pero también tiene vida propia a través de artistas como Kurt Savoy, quien es capaz de imitar con su silbido todo tipo de géneros, desde rock hasta jazz, pasando por flamenco. Savoy ha silbado las melodías de las bandas sonoras compuestas por Ennio Morricone como El bueno, el malo y el feo y La muerte tenía un precio.
A los que quiero referirme ahora, sin embargo, es a aquellos como Libia, que saben pasar sus horas sonriendo, acompañados de sus melodías, y que transmiten a los demás la alegría de vivir. Aquellos que nos regalan un pedazo de vitalidad contagiosa, que disfrutan el día a día, gracias a las notas que llevan en su interior. Ellos están salvados.
Para ellos, la tierra es una buena fiesta. A los demás nos toca pasar por el purgatorio, mientras aprendemos que el cielo se vive acá abajo con buena música y gozando del placer de silbar.
Jaime Bermúdez
Excanciller de Colombia
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