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La ineficacia de nuestra justicia

El asesinato de Yuliana Samboni, constituye una prueba más del poco temor que en general les genera a esos criminales nuestro sistema de justicia.

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Uno de los pilares esenciales de cualquier democracia es un sistema judicial eficaz y confiable, algo que desafortunadamente no existe en nuestro país, pues a diario los colombianos nos sorprendemos al leer o escuchar noticias sobre la liberación de peligrosos delincuentes que reciben el beneficio de casa por cárcel, por parte de jueces laxos que no los consideran un peligro para la sociedad.
Prueba de esa laxitud es el hecho de que la gran mayoría de esos delincuentes apenas recobran la libertad vuelven a reincidir, como ocurrió recientemente en Bogotá, en donde un avezado criminal, con siete homicidios en su prontuario, gozaba del beneficio de detención domiciliaria, porque el juez que llevaba su caso consideró que no era un sujeto peligroso, pero estaba bien equivocado, ya que a ese delincuente no le tembló la mano para asesinar a un ciudadano que se atrevió a tratar de evitar que atracara al conductor del bus en que ambos se movilizaban.
Y qué decir de los múltiples asesinatos que a diario se cometen en el país por delincuentes que matan a sangre fría a quienes se niegan a entregar sus celulares, los cuales son vendidos luego a revendedores especializados en este ilícito comercio, pero cuando son detenidos por la Policía, pronto son dejados en libertad por los jueces.
Pero tal vez los casos más aberrantes son los maltratos a las mujeres por parte de sus esposos, o compañeros sentimentales, o por quienes lo fueron en el pasado, llegando muchas veces a desfigurarlas arrojándoles ácido a sus rostros, o asesinándolas por ellas reclamarles el pago de los estipendios para el sostenimiento de sus hijos, como sucedió recientemente en Bogotá, donde un energúmeno antisocial asesinó a su expareja a golpes de martillo, simplemente porque esta le reclamaba el pago de esas mesadas.
Pero lo increíble es que luego de ser entregado por la Policía a la justicia, el juez que conoció el caso decretó la libertad del peligroso sujeto bajo la presunción de que había actuado en defensa propia. Como es de suponer, ese criminal aprovechó la oportunidad para salir del país y de esa manera poder evadir las justas sanciones que seguramente le impondrán las autoridades judiciales que están revisando el caso.
Por todo lo anterior, resulta difícil entender la razón por la cual el Ministerio de Justicia pretende presentar al Congreso un proyecto de ley que contempla rebajas sustanciales en las penas que se aplican para cierto tipo de delitos, como para el microtráfico de estupefacientes, actividad que tan graves daños le causa a nuestros jóvenes y que es una de las razones por las cuales frecuentemente se presentan ‘vendetas’ entre los miembros de las bandas dedicadas a esa ilícita actividad.
Afortunadamente, tenemos un fiscal con los pantalones bien puestos, quien con sobradas razones se ha opuesto a dicha iniciativa, argumentando que los delitos de cierta gravedad se deben castigar con detención carcelaria y no domiciliaria, precisamente para desincentivar la criminalidad.
El reciente y vil asesinato en Bogotá de la niña Yuliana Samboni, presuntamente atribuible a un depravado profesional de estrato 6, constituye una prueba más del poco temor que en general les genera nuestra sistema de justicia a esos criminales en potencia, lo que los lleva a pensar que pueden cometer estos execrables crímenes sin mayores consecuencias para ellos.
Lo que no podemos continuar permitiendo los colombianos es que el maltrato o la violación de niños y mujeres no se sancione adecuadamente.
Ernesto de Lima Le Franc
Presidente de la Organización Delim
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