En lo corrido de 2019, el deterioro de las perspectivas económicas de los países desarrollados motivó tanto al Fondo Monetario Internacional como a varios de los principales bancos centrales del mundo a recortar sus pronósticos de crecimiento para este y el próximo año.
Como resultado, la expectativa de normalización de la política monetaria en esos países se ha debilitado de forma importante, y ahora los inversionistas parecen anticipar que el retiro de la liquidez será más lento de lo esperado, ante la necesidad de estímulos monetarios adicionales para afrontar la desaceleración económica de los próximos años.
Este escenario de condiciones monetarias más laxas resulta favorable para los activos de mercados emergentes -de hecho este ha sido el caso en los primeros dos meses del año- especialmente en aquellas economías con un “atractivo relativo” en materia de fundamentales-, como Colombia.
CAMBIO DE MAREA
El buen desempeño de la economía estadounidense en 2018 alimentó el optimismo de la Reserva Federal (Fed) y la llevó a aumentar en 1 punto porcentual (p.p.) su tasa de interés de referencia durante ese año y, además, a dar señales de que continuaría con los incrementos en 2019.
Actualmente, la tasa de referencia en EE. UU. se encuentra en el rango entre 2,5% y 2,75% -el más alto en la última década- y según los pronósticos realizados en diciembre por la mayoría de miembros de la Fed, este año aumentaría al rango entre 3,0% y 3,25%.
Sin embargo, el panorama actual es muy diferente y el mercado tiene prácticamente descontado -con más del 80% de probabilidad- que la Fed aumentará sólo una vez su tasa de interés en 2019. En el mismo sentido, el Banco Central Europeo (BCE) advirtió durante el año pasado que: i) terminaría su programa de compra de bonos en diciembre -como en efecto sucedió, aunque sigue reinvirtiendo los montos asociados al pago de cupones o al vencimiento de títulos-; y ii) empezaría a aumentar su tasa de interés a finales de 2019, desde los niveles mínimos históricos en los que se encuentra actualmente.
Las posiciones a favor de retirar el estímulo monetario (posturas hawkish) de estos dos bancos centrales no fueron las únicas entre las autoridades monetarias de países desarrollados, pero sí las más relevantes para fortalecer la expectativa de los mercados financieros de que la normalización monetaria seguirá este año.
Lo anterior motivó la salida de capitales desde mercados en desarrollo hacia desarrollados, y explicó buena parte de las desvalorizaciones de los activos de países emergentes en 2018.
Sin embargo, creemos que el fin de la era de amplia liquidez está lejos, debido a: i) las señales de agotamiento del ciclo económico estadounidense, lo cual impediría que la Fed continúe aumentado su tasa de interés; ii) la debilidad de la economía europea -al punto que algunas economías claves del bloque económico entraron en recesión o están cerca de hacerlo, en medio de temores por el contagio de la crisis de deuda italiana y la incertidumbre en torno al Brexit-, lo que llevaría al BCE a mantener inalterada su tasa de interés en 2019; y iii) la no convergencia de la inflación de Japón a la meta del banco central de ese país, por lo cual esperamos que su programa de expansión cuantitativa continúe durante todo 2019 y parte de 2020.
SÍNDROME DE ABSTINENCIA
Las economías avanzadas parecen haber desarrollado la necesidad de contar con amplios niveles de liquidez para mantener una senda de crecimiento relativamente positiva, o para evitar entrar en una fase negativa del ciclo económico. De esta forma, en vez de un retiro de la liquidez en el mundo desarrollado, ahora vemos que economías que no habían adoptado una política monetaria “no convencional”, como China, empiezan a hacerlo.
Un ejemplo claro del deterioro reciente de la economía global es el PMI manufacturero global -un buen proxy del PIB mundial-, el cual tocó mínimos de tres años en enero y se situó en el límite del terreno expansivo.
Bajo este contexto, el FMI recortó en enero su pronóstico de crecimiento de la economía mundial para 2019 de 3,7% a 3,5%, y para 2020 de 3,7% a 3,6%, mientras que la Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra (BOE) hicieron lo propio, y además replantearon el rumbo de su política monetaria a corto plazo.
Por su parte, China se enfrenta a una menor dinámica del consumo privado -su nuevo motor de crecimiento económico-, en un contexto en el que la inversión fija en los sectores manufacturero y de bienes raíces continúa perdiendo impulso, y además los niveles de apalancamiento aumentan de forma preocupante. Un ejemplo: el monto de los préstamos otorgados en enero fue 51% superior al de un año atrás.
Ante este panorama, el Gobierno viene implementando medidas para estimular la economía, mientras que el Banco Popular de China recortó en 100 pbs el requerimiento de reservas de los bancos más importantes para aumentar la liquidez, y se esperan recortes adicionales.
NUEVO CICLO EMERGENTE
Las debilidades de algunos mercados en desarrollo quedaron en evidencia en 2018, en medio del endurecimiento de las condiciones financieras globales; sin embargo, en su momento advertimos que dicha situación era diferente a las anteriores crisis de economías emergentes, en la medida que actualmente los inversionistas disponen de suficiente información para diferenciar dentro de este grupo de países. Ahora bien, los acontecimientos recientes indican que el cambio de ciclo económico en los países avanzados podría tener implicaciones menos adversas para los países en desarrollo de las que se anticipaban meses atrás, y en cambio, renovar el apetito por riesgo emergente, en medio de una normalización monetaria más lenta, o incluso de una extensión de condiciones laxas de liquidez por más tiempo.
Julio César Romero y
Juliana Pinzón Trochez
Economista jefe de Corficolombiana.
Analista de mercados externos.