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Demontage criollo

Medio siglo sin política industrial y sin dolientes, ha llevado a que prosperen pozos petroleros, minas de carbón y ventas ambulantes.

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Al finalizar la primera guerra mundial, Alemania fue sometida a una enorme humillación en el Palacio de Versalles, y al reconocimiento de una reparación impagable, que condujo a la quiebra de la economía, al incumplimiento y a la ocupación del Ruhr, en 1923.
Fueron confiscadas las plantas industriales, desmanteladas y llevadas a otros países. De una potencia industrial, Alemania pronto paso a ser un país agrícola y minero, con hambre e hiperinflación, y allí prosperó el nacional socialismo, que casi acabó con Europa tres lustros después. El demontage fue uno de los peores errores de las potencias, y la semilla de la siguiente guerra.
En Colombia no ha habido guerra desde 1933, pero parecería que llevamos 50 años sufriendo un proceso gradual de desmantelamiento del tejido industrial, que ha llevado a que las manufacturas representaran 21,4% del PIB en 1970, mientras que en 2019 dicha participación fue apenas 11,9%.
Y, como la economía ha crecido enormemente en este medio siglo, ella lo ha hecho, principalmente, alimentada por importaciones de bienes intermedios, de capital y de consumo que no hemos producido internamente, mientras que nuestros proveedores prosperan por nuestra inacción.
Nos hemos conformado con que nuestra propia debilidad produzca devaluaciones recurrentes, que enriquecen coyunturalmente a unos pocos exportadores, y que nos dan una competitividad completamente artificial, mientras que el otro virus, la enfermedad holandesa, el de las revaluaciones por las bonanzas, corroe cada vez más al sector real.
Al inicio del siglo, Colombia importó US$11,8 millardos y exportó US$13,2 millardos. Había superávit en el sector agrícola y minero, y un déficit de US$4.876 millones en bienes industriales.
Veinte años después, en 2019, importamos US$52,7 millardos y exportamos US$39,5 millardos. Un abultado déficit comercial que es explicado totalmente por el hecho de que apenas exportamos US$18.502 millones en manufacturas, mientras importamos la friolera de US$49.614 millones.
Nos salva de un mayor abismo haber exportado casi US$18 millardos en hidrocarburos, los cuales se acabarán pronto ya que nadie quiere hablar de fracking.
Las mayores importaciones provienen de 10 grupos, encabezados por químicos, electrónicos, maquinaria, material de transporte y alimentos. Sí, Colombia, el país verde, campeón de la biodiversidad, importa alimentos elaborados y el año pasado US$4,248 millones en refinados, ¡a pesar de que gastamos muchísimo en una refinería en Cartagena!
Medio siglo sin política industrial y sin dolientes, ha llevado a que prosperen pozos petroleros, minas de carbón y ventas ambulantes. De política productiva poco.
Es hora de que alguien, juiciosamente, se siente a revisar los registros de importación, e identifique industrias que sustituyan las compras externas, sin aranceles, sin subsidios, cuotas, ni regalos.
Solo con productividad, calidad y deseos de apoderarse de un mercado del cual se han adueñado China y otros países y bloques con los que hemos suscrito nuestros tratados de Versalles, sin que se halla cavado una sola trinchera ni disparado un solo cartucho.
Sergio Calderón Acevedo
Economista
sercalder@gmail.com
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