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El 2049

El próximo presidente deberá devolver a la economía colombiana a la senda del crecimiento.

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En algún aula de una prestigiosa universidad, en los primeros semestres de la carrera de economía, se prepara hoy la persona que ocupará la cartera de Hacienda en el 2049. La misma que con decoro han ejercido tantos colombianos ilustres y que le ha valido a Colombia el reconocimiento como una de las economías más estables y ortodoxas de los países no desarrollados. Desde Carlos Sanz de Santamaría, don Antonio Álvarez Restrepo o Rodrigo Llorente, hasta Roberto Junguito o Juan Camilo Restrepo, en épocas más recientes.
Ellos debieron capotear crisis grandes y asumir el reto de estructurar operaciones de crédito para financiar el crecimiento de la economía y la dotación de infraestructura en el largo plazo. Gracias a ellos y al diseño de políticas de desarrollo, apoyadas por organismos multilaterales, es que hoy el país es uno muy diferente a aquel que no tenía carreteras, ni electricidad, ni acueductos, ni educación. Nada de lo que hoy se da por hecho y que ha permitido a los nuevos millones de connacionales nacer en condiciones muy diferentes a las de sus padres y abuelos.
Pero volvamos al ministro o ministra del 2049. Uno de los retos de esta persona será garantizar que el 16 de junio de ese año se cuente con los recursos que permitan pagar el billón de pesos de TES que la actual administración (?) colocó en subasta el 31 de enero de este año. Y seguramente los otros dos o tres billones que cocinan en este momento en la Dirección de Crédito Público, para llenar los potes de mermelada de la fiesta de fin de cuatrienio.
Desde hoy hay que explicarles a los profesionales del 2049 que un buen día un gobierno que gastaba en exceso decidió empeñar su futuro, tomando decisiones que ellos deberán sufragar. También hay que explicarles que ese gobierno triplicó, durante su permanencia de ocho años, la deuda pública, tanto interna como externa. Que habiendo recibido un país con grado de inversión, y al amparo del mismo, decidió ese gobierno aumentar el ritmo de emisiones de bonos de Tesorería de un promedio de 500 millardos mensuales en el 2006, a 2,8 billones mensuales en su último año en el poder.
En plata blanca, el ritmo de endeudamiento se multiplicó por más de cinco entre el 2006 y el 2018, cuando la inflación total en el mismo periodo fue apenas 65 por ciento. Esta laxitud, que algún día lleva a la insolvencia hasta a la economía más fuerte, no preocupa a nadie en el gobierno actual.
Por ello, lo que más trabajo costará explicarles a los contribuyentes del 2049, es que al Ministro de Hacienda del 2018 lo tenía sin cuidado el hecho de que de los gastos totales, únicamente 58 por ciento se lograba fondear con recursos tributarios. ¿Lo demás? “No importa”, diría el ministro, que tenía un doctorado, “que lo paguen los colombianos dentro de 32 años. Igual, ya no estaremos”.
Dentro de 127 días se posesionará la persona que deberá cambiar este curso y devolver a la economía colombiana a la senda del crecimiento. Su mandato: reducir el gasto, declarar la guerra a la evasión e imponer una austeridad nunca antes vista. De lo contrario, en el 2049 no habrá economía.
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