Agricultura urbana

Este sistema sobre producción de bienes alimenticios se postula como una actividad que puede contrib

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Entre las nuevas ideas sobre producción de bienes alimenticios, la agricultura urbana se postula como una actividad que puede contribuir a aumentar los niveles de seguridad alimentaria en virtud de sus bajos costos y su utilidad.
Esta se define como el cultivo de hortalizas, frutales, árboles y plantas de diferentes especies en pequeños espacios (patios, jardines, terrazas) dentro de la ciudad, cuyo fin inmediato es la subsistencia o la venta en un pequeño mercado comunitario.
Sus ventajas son de distinta naturaleza: por ejemplo las económicas: es una fuente de empleo y de alimentos baratos para los hogares pobres; además, contribuye al ahorro comunitario porque, en tanto esté focalizada en las necesidades de una vecindad, la agricultura urbana disminuye el uso de bienes para la comercialización como los empaques y los combustibles.
Ventajas biológicas y ambientales: principalmente los hogares pueden obtener alimentos frescos y saludables, también se maximiza el uso del suelo urbano y se reutilizan desechos; la práctica generalizada de la agricultura urbana reduciría la presión sobre algunos recursos naturales y el campo. Ventajas sociales; entre estas, se cuenta la cohesión familiar alrededor de un proyecto: puede ser un mecanismo para cultivar valores en los niños y combatir la desintegración social.
La importancia que debe cobrar esta modalidad de agricultura se funda en su funcionalidad dentro de un modelo de vida humana en condiciones de bienestar. La producción y distribución de alimentos necesita rediseñarse; aproximadamente existen 925 millones de personas subnutridas en el mundo. Además, el mercado de alimentos debe liberarse de los fenómenos climáticos favorables al alza de precios; la agricultura urbana es una opción para generar minicentros de producción que amortigüen el impacto negativo en el mercado generado por la pérdida de cosechas.
Por otro lado, la sociedad humana cada vez estará más concentrada en las urbes, producto del aumento natural de la población, de las migraciones tradicionales que buscan los centros económicos, de las migraciones medioambientales generadas por el desequilibrio en la naturaleza, y por la transformación de zonas rurales en urbanas.
Se espera que al finalizar el año, la población urbana supere el 50 por ciento del total mundial, y que en 50 años esté bordeando el 70 por ciento. Este cambio demográfico, que se producirá principalmente en los países en desarrollo, exigirá la creación de mercados cercanos a los hogares surtidos con bienes de bajo costo.
El futuro éxito de los cultivos urbanos depende del compromiso estatal con su aplicación; en manos de los gobiernos está la promoción de este tipo de agricultura y la capacitación en técnicas que garanticen la productividad. Igualmente importante es que las políticas sobre desarrollo urbano diseñen el crecimiento de las ciudades incluyendo, inexorablemente, espacios para la agricultura, y el sistema de agua esté articulado a las necesidades de esta práctica.
Tal vez hoy, la agricultura urbana no esté incluida en la agenda política, pero posteriormente la dinámica de la inseguridad alimentaria, producto de los cambios demográficos y ambientales, volverá una prioridad invertir en formas alternativas de producción de alimentos.
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