Sobre la apreciación del peso
Por lo menos desde el 2005, Estados Unidos y el FMI vienen argu- mentando que una causa fundamental
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La apreciación del peso está generando discusiones sobre la conveniencia de que el Banco de la República intervenga en el mercado cambiario y adopte controles de capitales en torno a adelantar un proceso de desgravación arancelaria.
En medio de estas diferencias, hay consenso en tres temas: la apreciación es preocupante; sería deseable un ajuste fiscal; el problema es fundamentalmente de origen externo. Quiero referirme a este último tema, ya que, por sorprendente que parezca, algo se debería hacer al respecto.
¿Qué quiere decir que la apreciación del peso se origine en factores externos? La mayor economía del mundo atravesó una profunda recesión entre diciembre del 2007 y junio del 2009, y, no obstante, estar hoy creciendo casi al 2 por ciento, el desempleo en Estados Unidos ronda 10 por ciento.
Como consecuencia, y en razón a la oposición de los republicanos a mantener el impulso fiscal, la Reserva Federal se ha visto obligada a adoptar una política monetaria expansionista sin precedentes. La tasa de interés es cercana a cero; el dinero emitido por la FED se multiplicó por un factor cercano a 2,4 entre agosto del 2008 y agosto del 2010.
Semejante avalancha de dólares conlleva a una depreciación del dólar. ¿Contra qué se deprecia? Idealmente, contra todas las monedas consideradas atractivas por los inversionistas. No sorprende, que si la divisa de la segunda economía del mundo (China) se mantiene virtualmente fija, las que flotan deban sobre-ajustarse. Entre abril y diciembre del 2009, parte de la depreciación del dólar corrió por cuenta del euro, que pasó de 1,29 a 1,50 dólares por euro.
Los infortunios recientes de Europa y la inflexibilidad cambiaria de China y otras economías emergentes de Asia han determinado que en el 2010 la depreciación del dólar haya ocurrido por cuenta de Japón (el yen ha subido 10 por ciento), Colombia (apreciación de 12 por ciento), otros países emergentes, y el oro (cuyo precio sube 17 por ciento).
Por lo menos desde el 2005, EE. UU. y el FMI vienen argumentando que una causa fundamental -aunque no la única- de los desequilibrios globales es la política cambiaria china. Por increíble que parezca, las economías emergentes suelen solidarizarse con China bajo la idea de que los países son soberanos y ni el FMI ni EE. UU. tienen por qué inmiscuirse en asuntos del resorte de las autoridades nacionales. Como si fuesen EE. UU. y el FMI, y no nosotros, los paganinis de la subvaluación del yuan.
Este fin de semana será la Asamblea del FMI, cuyo evento central es la reunión del comité IMFC (los Gobernadores de los 24 países miembros del Directorio Ejecutivo). Colombia estará representada por el Ministro de Finanzas brasileño. En la reunión previa que sostendrán con él las autoridades colombianas, estas deberían proponerle que, en su Declaración al IMFC, no sólo insista en que se aumente el voto de las economías emergentes en el FMI.
Debería, además, utilizar la voz que ya tiene y plantear la necesidad de que China abandone la política de una moneda subvaluada, que le permite crecer a tasas exorbitantes en parte a costa de la supervivencia de sectores transables de otros países emergentes. De no actuar con prontitud, en Colombia y en otros países se fortalecerán las voces de quienes abogan por adoptar una política similar a la china, sin reparar en el hecho de que si todos siguieran ese camino, el resultado sería depredadoras pujas devaluacionistas, inflación y menor crecimiento global.
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