Sin las armas que se necesitan

Para que Colombia tenga capacidad de intervención en el cambio, lo mejor que puede hacer es llevar

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La necesidad de liberar más recursos en la economía de Estados Unidos se está traduciendo como otra amenaza a la poca estabilidad cambiaria en el resto del mundo, cuando los mercados siguen inundados de liquidez.
La Federal Reserve (FED) reconoce que su sector productivo no reacciona, el desempleo llega al 9,6 por ciento de su fuerza de trabajo y la tasa básica de interés está cercana a cero. Para enfrentar esta situación, la FED propone una expansión cuantitativa, que no es más que una impresión de moneda para ser usada en la recompra de títulos del Tesoro americano que tiene efectos colaterales.
El resultado será la transferencia de mayores recursos a todas las economías emergentes, incluido nuestro país, que tienen expectativas de tasas de interés más elevadas, generando más presión de valorización de sus monedas.
El efecto hoy es una valorización excesiva, en donde la estructura de precios relativos dejó de reflejar los diferenciales de productividad y disponibilidad relativa de los factores de producción entre los países.
 Esta inyección de dinero hará intensificar la guerra cambiaria, porque la desvalorización adicional del dólar obligará a otros bancos centrales a intervenir para defender sus propias divisas. Es una maniobra para transferir al resto del mundo un pedazo de cuenta de la crisis que ellos mismos crearon. El gran manipulador de la tasa de cambio en un mundo bajo la hegemonía del dólar es la misma Federal Reserve, a través de su política monetaria.
Hoy no hay reglas para el sistema cambiario. La poca legislación existente fue enterrada al comienzo de los 70, cuando el Gobierno estadounidense abandonó el vínculo entre el dólar y el oro. La OMC reprime otras formas de proteccionismo, mas no la manipulación del cambio. El problema es que tampoco todos los países podrían, al mismo tiempo, depreciar sus monedas y la probabilidad de obtener un acuerdo en un tema tan controvertido y nuevo en la agenda multilateral es casi nula.
La única salida sería una solución coordenada entre los diferentes países, en particular entre China y EE. UU. Mientras tanto, ¿qué hacer para revertir este juego que toca competitividad del sector productivo colombiano?
En el mercado a la vista en Brasil, la decisión fue aumentar del 4 al 6 por ciento el impuesto sobre la entrada de moneda extranjera para inversión en renta fija.
En el mercado de futuro, el Gobierno incrementó de 0,38 a 6 por ciento el impuesto que incide en las operaciones efectuadas por extranjeros destinadas al margen de garantía. Ante la gravedad del asunto, la imposición de algunas medidas para el control de capitales extranjeros en Colombia puede ayudar a contener la valorización del peso, pero por la experiencia deberán producir sólo efectos limitados.
La verdadera arma letal está en derrumbar definitivamente los intereses que atraen estos mismos capitales. Para que el país tenga capacidad de intervención en el cambio, lo mejor que puede hacer son acciones más profundas como tratar de equilibrar sus finanzas públicas.
Cuando las autoridades demuestren, con convicción, que en un periodo razonable de tiempo son capaces de alcanzar un déficit nominal de cero de las cuentas públicas, ese día los intereses se descolgarán, se desestimularán las operaciones de arbitraje con tasas más próximas de las practicadas internacionalmente y sobrarán recursos de bajo costo no inflacionarios que estimulen al sector productivo.
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