China aprieta, pero no ahorca

En las últimas semanas, los medios especializados chinos divulgaron un documento interno del Gobiern

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En las últimas semanas, los medios especializados chinos divulgaron un documento interno del Gobierno Central de Beijing, que propone nuevos lineamientos sobre las relaciones con la provincia de Taiwán.
La idea básica es que en las actuales circunstancias, a China no le sirve continuar asfixiando a la isla internacionalmente, ni debería desplegar acciones para quitarle los precarios reconocimientos que todavía tiene.
La situación internacional de Taiwán no ha hecho sino empeorar desde que los chinos asestaron tres golpes fatales: recuperaron la representación de China en la ONU en 1971, el presidente Richard Nixon fue a Beijing en 1972 y Estados Unidos reconoció a China en 1979. Como fichas de dominó, uno tras otro los países del mundo vieron en esos tres eventos la oportunidad para deslizarse hacia Beijing. Las escenas de compungidos diplomáticos taiwaneses arriando su bandera y entregando las llaves de las embajadas se repitieron en Bogotá, Madrid y Yakarta durante ese periodo.
Hoy, a Taiwán sólo la reconocen 23 países: el más grande es Paraguay y el más importante el Estado Vaticano. En Suramérica, sólo la reconoce Paraguay, y en Centroamérica mantiene relaciones con todos, menos con Costa Rica y México.
En Nicaragua tiene bien aceitada la burocracia local y abultados los bolsillos de los políticos, causando la paradoja de que el Gobierno sandinista no tenga relaciones con la administración dirigida por un Partido Comunista. A China, en cambio, la reconocen 166 países.
La demoledora estrategia china es un ejemplo de éxito en la diplomacia mundial, mientras que la situación de la isla es tan agobiante que se aguanta que el Representante Comercial de Panamá, en China, celebre el día nacional panameño como 'embajador', en Beijing, a pesar de que oficialmente tiene relaciones con Taiwán.
Nada de eso va a cambiar. Beijing no va a incurrir en el absurdo de promover la ampliación del escenario internacional de Taiwán, pero sería la hora de aliviar la presión. No se trata de darle oxígeno, sino de dejarla respirar.
Lo que está discutiendo es que seguir aprentando el torniquete puede llevar al partido gobernante de la isla, el Guomindang, a perder las próximas elecciones, y que las gane el independentista Partido Democrático Progresista, que ya estuvo en el poder, lo perdió víctima de una crisis de corrupción, pero también porque, en términos internacionales, hizo el ridículo.
El Guomindang promueve la reunificación de China y ha hecho importantes avances con el Partido Comunista chino en los últimos años. Los pensadores de la política internacional de China creen que no asfixiar internacionalmente al Gobierno de la isla es clave para que mantenga el poder, y continuar con los esfuerzos mutuos hacia la reunificación de China. El Partido Comunista Chino necesita al Guomindang en el poder, en Taiwán, para lograr su propósito de la reunificación.
Antes, las dos organizaciones ya habían cooperado: primero en la guerra contra los caudillos militares del norte en los años 20, y luego en la Resistencia Antijaponesa de 1937 a 1945. Después se trenzaron en una guerra civil que ganó el Partido Comunista y en una contienda internacional en la que está arrasando China. Si la propuesta del documento interno es acogida por el Partido Comunista, podemos estar presenciando la reedición del frente que antes unió a los contendores.
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