Diagnóstico en exceso
El Congreso tiene una nueva ocasión para demostrarle al país que sí tiene la capacidad de tomar deci
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Los problemas estructurales del sistema de salud colombiano tienen exceso de diagnóstico. Son cientos los foros académicos, comités de trabajo y grupos de estudio que lo han investigado y analizado para llegar a conclusiones que, a estas alturas, se pueden considerar muchas de ellas lugares comunes.
Lo paradójico es que las recetas de tratamiento no se han aplicado. Al parecer los facultativos no han intervenido como han debido.
Para que vean que lo dicho es cierto. Hace 14 años, el Gobierno Nacional de turno convocó a un grupo de expertos de las más altas calidades y conformó la Comisión de Racionalización del Gasto y de las Finanzas Públicas. La coordinó un reconocido economista, el doctor Gabriel Rosas Vega. Serio trabajo el que realizaron. Por supuesto que atendieron el tema de la salud y expusieron sus evaluaciones y recomendaciones.
Tomemos sólo tres de ellas. Primera, acelerar el proceso de transformación de subsidios de la oferta hacia la demanda en salud y reunir en bolsas únicas los recursos para la financiación del régimen subsidiado y para el PAB. Segunda, reorganizar las fuentes de crédito para los mismos y crear una central única del recaudo de los aportes en salud.
Y tercera, desaparecer los diferentes regímenes que funcionan paralelamente e integrarlos al Sistema General de Seguridad Social en Salud.
Las tres recomendaciones son absolutamente estructurales y necesarias para la consolidación del sistema y así lograr más equidad y eficiencia en el manejo de los recursos, que permita el disfrute pleno del derecho a la salud que tienen los ciudadanos. Las tres se continúan mencionando en la mayoría de los diagnósticos y tratamientos, aparecen con diferente redacción en las propuestas presentadas públicamente por el recién posesionado Ministro de la Protección Social y aún están pendientes de realización plena.
De hecho, en oportunidades pasadas, responsables desde el Gobierno Nacional han intentado que el Congreso apruebe alguna de ellas, pero no pudieron. Han prevalecido intereses de otro orden y no los que le convienen al sistema y a los colombianos.
Así como estos temas mencionados, existen otros sobre los cuales diferentes estudios, foros y análisis han señalado reiteradamente como necesarios para mejorar nuestro sistema de salud y para solucionar, de una vez por todas, las dificultades que hoy se han hecho evidentes y que muy posiblemente se hubieran evitado si las decisiones se hubieran adoptado oportunamente en el Congreso, o se hubieran aceptado cuando se expidieron los decretos de emergencia social.
Por eso, preocupan los dos proyectos de ley que se han presentado en esta legislatura y que buscan reformar nuevamente el sistema de salud. Hay puntos interesantes en ellos que seguramente se deberán tener en cuenta en las modificaciones definitivas. Pero los temas orgánicos, como los referidos en este escrito, o brillan por su ausencia, o son atendidos en forma limitada, casi de soslayo.
No necesitamos más retoques. Parece que la presente administración del Ministerio lo tiene claro. Ahora escucha para consolidar consensos. Gran responsabilidad. Pero el Congreso tiene una nueva ocasión para demostrarle al país que sí tiene la capacidad de tomar decisiones, sí le interesa el bienestar de la población y sí está dispuesto a pasar de los diagnósticos a aplicar las recetas de las reformas estructurales que el sistema de salud requiere. Ojalá cumpla.
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