Los grandes retos
Los cambios de gobierno son un signo de la fortaleza de la democracia, y una ocasión para el diálogo
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Los cambios de gobierno son un signo de la fortaleza de la democracia, y una ocasión para el diálogo y la adopción de nuevos acuerdos interpartidarios sobre el futuro de la Nación.
Cada candidato triunfante llega a la Presidencia con el propósito de cumplir con las promesas que formuló durante su campaña electoral mediante la definición y aplicación de políticas públicas que se encuadren dentro del marco institucional vigente.
En el caso colombiano, y de acuerdo con la Constitución Nacional, le corresponde al nuevo Gobierno -para cumplir con estos objetivos- presentar a la consideración del Congreso el Plan Nacional de Desarrollo, dentro de los seis meses siguientes a la iniciación de su periodo presidencial.
En la parte general del Plan, debe señalar los propósitos y objetivos nacionales de largo plazo, las metas y prioridades de la acción estatal a mediano plazo y las estrategias y orientaciones generales de la política económica, social y ambiental que serán adoptadas por el Gobierno.
Le corresponde por lo tanto a la administración del presidente Santos presentar a la consideración del Congreso, a más tardar en febrero del año entrante, su plan de desarrollo para plasmar y concretar en el largo, mediano y corto plazo las ideas sobre la prosperidad democrática que conduzcan a un 'nuevo amanecer', como lo planteó en su discurso de posesión.
En el largo plazo, evidentemente es necesario definir cómo Colombia va a superar sus problemas de crecimiento, desarrollo y atraso, para lo cual hay que tener en cuenta que el mundo pasó de una sociedad industrial a una postindustrial, y que los instrumentos que se utilizaban en la primera, basados en la máquina, no sirven para tener éxito en la segunda, fundamentados en el conocimiento.
Al respecto, habrá de tener en cuenta si sigue siendo válida la Visión Colombia 2019, que tiene como meta que el país sea en el 2032 una nación de ingresos medios, con entradas por habitante cercanas a los 20.000 dólares, una tasa de pobreza menor al 15 por ciento, un índice de informalidad laboral por debajo del 40 por ciento y una mayor convergencia económica y regional entre los departamentos.
Para que esas metas a largo plazo se puedan concretar, se requiere que se señalen a corto plazo las estrategias, prioridades e instrumentos con que se van a ejecutar.
Tres son las principales fallas de las políticas públicas que hay que superar. En primer lugar, en muchas ocasiones se quedan en los enunciados y no señalan las acciones y los recursos financieros que garanticen su cumplimiento. En segundo lugar, pretenden comenzar de cero, y olvidan que hay buenos programas de gobiernos anteriores que conviene conservar para que produzcan los resultados que de ellos se esperan.
La tercera, es que no basta aprobar las reformas si no se garantiza su cumplimiento. Como lo decía Eduardo Santos en el discurso que pronunció cuando, en 1938, se posesionó de la Presidencia de la República: "hay épocas para sembrar y hay épocas para vigilar, con prudente celo y desvelado esmero, la germinación de esas semillas, sus desarrollos y sus resultados. No sembrar nunca y no dejar nunca de sembrar producen un resultado de idéntica esterilidad.
Las etapas de los sembradores suelen ser gloriosas; las que se empeñan en hacer fructificar las semillas y en asegurar las cosechas, quizás tengan menos brillo, pero en cambio ofrecen la realidad de los resultados efectivos". Estos son los grandes retos para el nuevo Gobierno.
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