La pirinola

La salud es un derecho fundamental complejo de proveer a los ciudadanos. El reto es conseguirlo entr

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Con los decretos expedidos en el marco de la Emergencia Social, nos pasa lo mismo que con el juego de la pirinola que Mockus utilizó como metáfora: todos ponen. No hay otra posibilidad; para mejorar el sistema de salud todos los agentes del mismo tenemos que aportar nuestro grano de arena.
Es evidente que con las normas se pisaron los callos de todos. La reacción inicial así lo demuestra. No hay un agente del sistema que no se haya quejado porque le tocaron algún pedacito muy querido. Desde las EPS hasta los ciudadanos, pasando por las clínicas, los hospitales, los entes territoriales, los médicos, la industria farmacéutica; todos. Pero las decisiones no lesionan los derechos fundamentales de ninguno y buscan el bien común por encima de los intereses particulares.
Quizá ahí se encuentra el reto mayor de entender. Se trata de pensar en todos los colombianos y no de satisfacer los intereses individuales de algunos. El desafío de lograr el interés colectivo, como decía Rousseau en El contrato social, se trata de alcanzar "...la enajenación total de cada asociado con todos sus derechos hecha a favor del común: porque en primer lugar, dándose cada uno en todas sus partes, la condición es la misma para todos...".
No puede ser de otra manera; para que logremos el bien común de la salud en Colombia, cada uno tiene que ceder y aportar de manera equitativa. Pero además, es desde esa perspectiva que se deben leer y analizar los decretos expedidos. La tendencia evidente ha sido la contraria; a leerlos parcialmente, de manera superficial y limitada a revisar lo que le interesa al lector de turno.
El presidente Uribe, como Obama en E.U., se puso la camiseta por la salud y salió en defensa de las normas contenidas en los decretos. Señaló el sentido que tienen y el propósito que buscan de alcanzar la cobertura universal tan próxima, con solidaridad y eficiencia en el manejo de los escasos recursos con los que cuenta el país.
El Presidente ha explicado con detalle decisiones difíciles, como aquella que intenta recuperar la autonomía profesional de los médicos y los odontólogos, que hoy se encuentra tan embolatada. Ha expuesto las decisiones orientadas a lograr hospitales públicos con mayor calidad y alejados de la politiquería en los que muchos se encuentran. Ha señalado que en ningún momento disminuirán los logros alcanzados en el POS, ya que las normas no modificaron el Artículo 162 de la Ley 100, que estableció el piso del mismo.
Ha indicado que la cofinanciación de las prestaciones excepcionales con gasto de bolsillo debe ser exclusiva de los estratos pudientes. Ha resaltado que las normas alcanzan la cobertura nacional y eliminan las barreras territoriales de acceso a los servicios de salud que tienen los ciudadanos del régimen subsidiado.
A cada señor cada honor. Una actitud como esa, habla bien del líder que ve más allá de los intereses políticos coyunturales. La salud no es liberal, ni conservadora; tampoco es socialista o comunista. No puede utilizarse para ganar un protagonismo transitorio en la vida pública del país, ni mucho menos para, con demagogia, conseguir votos ante la oportunidad electoral en la que nos encontramos.
La salud es un derecho fundamental complejo de proveer a los ciudadanos, porque además no es absoluto y está sujeto al establecimiento de límites, que deben tener en cuenta las condiciones sociales y económicas de las personas y la capacidad financiera del Estado. El reto es conseguirlo entre todos y para todos. Bienvenido el debate, sin injurias ni calumnias.
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