No revivamos nuestra historia

En materia petrolera, las proyecciones muestran para la presente década un excelente aporte del petr

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En el país hay un renovado optimismo después de 8 años de buen gobierno, y con el inicio de una nueva administración que genera fundados augurios de prosperidad. En materia petrolera, las proyecciones muestran para la presente década un excelente aporte del petróleo a la economía nacional, pero estas están basadas en dos premisas que hoy están a riesgo: condiciones favorables a la inversión privada y viabilidad de las operaciones petroleras.
Se espera una producción petrolera superior al millón de barriles desde el 2012, que se mantendrá superior a este nivel hasta el 2020. Con ello, el sector petrolero pasará de aportar el 10% al 25% de los ingresos corrientes del Gobierno Central. En regalías se pasaría de $3,8 billones en el 2009 a $ 8,7 billones en el 2020. Se suponen 3.600 millones de barriles de nuevas reservas (hoy son de 1.700 millones), con base en inversiones de US$4.000 millones anuales. Son supuestos ambiciosos, pero alcanzables, a pesar de tratarse de cifras de inversión récord nunca antes logradas en este sector.
Desde hace 5 años, el país ha aumentado su producción con base en cuantiosas inversiones y tecnología de punta, aplicadas a campos petroleros viejos. En estos años -y desde Cusiana- los nuevos hallazgos han sido pequeños y han contribuido con nueva producción, pero en una proporción menor. Así que los anuncios discriminatorios contra las empresas petroleras, de eliminarles en forma inmediata la deducción de inversiones en activos fijos son preocupantes.
Esto se sumaría al fuerte incremento hecho hace un par de años a la contraprestación contractual por precios superiores a los US$30. El país ya tomó este tipo de decisiones con malos resultados. Apareció el descubrimiento de Caño Limón, y en 1985 recuperamos la condición de exportadores de petróleo. Atrás quedó la década de importaciones con un costo equivalente al 47% de la deuda pública externa del país a diciembre de ese mismo año. Nos llenamos de entusiasmo, como si estuviéramos en 'Arauca Saudita'.
Pero en 1989, el Gobierno aumentó las cargas contractuales ('producción escalonada'), y un par de años después estableció el discriminatorio 'impuesto de guerra' para las producciones existentes, que gravó las exportaciones de petróleo, níquel y carbón.
Son llamativas las coincidencias cronológicas con la situación actual. Como resultado de esas decisiones, durante la década de los 90 el país vio marchitar la inversión petrolera. Ni siquiera el gigante descubrimiento de Cusiana en 1993, logró reanimar el interés por invertir en el país. Las proyecciones cambiaron: el país perdería su autosuficiencia en el 2004. Hasta allí la 'Arauca Saudita'.
La otra premisa de las actuales proyecciones es la viabilidad de las operaciones. Pues resulta que en la regiones petroleras se están organizando paros y bloqueos para presionar a las empresas. Ya se canceló un proyecto en el Casanare por este motivo. Se organizan los bloqueos para obtener el pago de salarios varias veces más altos que los normales, para que se contrate personal, bienes y servicios locales, o para lograr pagos millonarios por las afectaciones en las fincas.
También por el deterioro de las vías que no tienen las especificaciones para el tráfico de vehículos pesados. De hecho, en el Departamento del Casanare, donde los paros se volvieron moda, las petroleras invirtieron el año pasado $60.000 millones en vías, tres veces lo presupuestado por la Gobernación. Esto se debe sumar a los $650.000 millones pagados por concepto de regalías. En buena hora el Gobierno Nacional está tomando riendas en el asunto, estableciendo las debidas coordinaciones con las autoridades de las entidades territorial. Ya se ha estructurado un plan de actividades dentro del marco institucional existente de coordinación e interlocución entre ellas y con las empresas petroleras (Acuerdo Gobierno Industria).
Así que son realizables las excelentes proyecciones. Pero ojo que es imprescindible "parar los paros", así como mantener estables las condiciones económicas para atraer las inversiones petroleras. No revivamos nuestra historia.
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