Por primera vez en este siglo la empresa privada asumirá el costo de no actuar con responsabilidad social y ambiental, las presiones políticas pueden intensificar los debates y descongelar el liderazgo de los gobiernos, para que trasciendan de los inocuos esfuerzos publicitarios que fugazmente circularon en Kioto y Copenhague.
Las reacciones que el gobierno Obama ha dejado entrever -comparando la amenaza e impacto del 11-S con el desastre del Deepwater Horizon- indican que este evento puede catalizar una transición, progresivamente anunciada (aunque ignorada) por el agotamiento de las fuentes no renovables, la definición de cuotas para neutralizar las causas del cambio climático, y la innovación tecnológica, condiciones que han alterado la estructura del mercado de energía, presionando sus límites y desafiando su inelasticidad.
Por ahora, según reportes de la Agencia Internacional de Energía, las tendencias promovidas para el 2030 por EE. UU., España, Francia y Alemania acumulan inversiones de 500 billones de dólares, destacando el desarrollo eólico por su costo, el marino (mareomotriz) por su confiabilidad y el solar por su accesibilidad -aunque su conversión es ineficiente-.
La cuarta generación de reactores nucleares evoluciona en reciclaje de desechos, y las grandes petroleras (Shell, Exxon, e incluso BP) expanden su portafolio con sinergias sobre su infraestructura -refinerías, oleoductos y redes de distribución-, dedicando hasta el 6 por ciento de su capex para la captura, bombeo y almacenamiento subterráneo de carbono (CCS), y el desarrollo de biocombustibles con algas. El CCS, pese a ser un procedimiento caro e ineficiente, tiene la ventaja de reciclar combustibles fósiles, predominantes por costo y abundancia; entretanto, las algas consumen dióxido de carbono y son eficientes en costo y escala, para cultivo y producción.
Las soluciones eléctricas, como el Bloom Box -un generador electroquímico de pila de combustible-, se destacan por costo y eficiencia, flexibilidad y reversibilidad (para almacenar la energía no consumida); la conversión del parque automotor (Roadster-Tesla, Leaf-Nissan, ChevyVolt-GM) está aún restringida por la autonomía y el desarrollo de estaciones públicas de recarga eléctrica. Sin embargo, el mayor hito proyectado es la democratización del mercado (en contraposición a la liberalización), mediante la autogeneración y venta de excedentes a las empresas de abastecimiento tradicional, en una red de distribución sustentable y contingente.
El Presidente electo debe integrar en su visión en un tema que sustenta el liderazgo global, como palanca para el crecimiento y el desarrollo sostenible. Para Colombia es fundamental el desarrollo de un ejercicio de prospectiva estratégica que identifique prioridades, pues la transformación de la matriz energética requiere un enfoque de política que fomente la eficiencia en el consumo, eliminando obstáculos para las nuevas tecnologías, al tiempo que promueve cultura y hábitos en los usuarios, mediante incentivos y penalidades. En complemento, debe adecuarse la oferta e integrar la cadena de innovación y suministro, por medio de mecanismos que suavicen el riesgo percibido por los inversionistas que capitalizan los proyectos, en sus primeros estadios de desarrollo tecnológico y comercial.